LA UNIÓN 02

Paes (¿sólo?) en tiempos de COVID 19

A falta de un anuncio oficial, el Ministerio de Educación de El Salvador ha decido poner fin a la realización de la Prueba de Aprendizaje y Aptitudes para Egresados de Educación Media (Paes) que ha sido aplicada por más de 20 años ininterrumpidos a los estudiantes que aspiran a egresar de la Educación Media. 

¿Cuál es la razón? Lo cierto es que, como se ha dicho antes, no hay un anuncio oficial que justifique tal decisión. Los últimos meses la ministra del ramo, la Lic. Carla Hananía de Varela, ha expuesto que dadas las condiciones por la pandemia, la Paes no puede ser la misma que los años anteriores. Sin embargo, la decisión de suspender la aplicación de la prueba en la gestión de Varela no se limita a la crisis generada por el COVID19.  

A esta inminente decisión le habían precedido dos anuncios. El primero fue dado en septiembre 2019 cuando se conoció que el Mined consideraba modificar los contenidos y elementos que evalúa la Paes. La segunda fue dada por la propia ministra al anunciar que la prueba  necesitaba una evaluación completa y profunda”. Sin embargo, a casi un año de estos anuncios el Mined mantiene un silencio incómodo sobre el tema. 

Estos precedentes, ajenos a la realidad que vive el país por la crisis de salud, evidencia que la posible suspensión de la prueba en 2020 tiene a su base algo más que las consecuencias indirectas de la crisis. Ante esto planteo unas preguntas, ¿qué busca hacer el Mined con la prueba Paes?, ¿qué papel jugarán los docentes en esta evaluación “completa y profunda” ?, ¿qué papel juegan los estudiantes? y ¿cómo debería hacerse este proceso? Una modificación a una prueba que tiene por objetivo ser un termómetro del sistema educativo se espera que no se tome a la carrera o ligera; y que una “nueva” prueba estandarizada surja del diálogo amplio, transparente y con criterios académicos que la misma ministra reconoció que era necesario. 

Sin embargo, parece que, como nos estamos mal acostumbrado, las decisiones se toman de apoco sin consulta ni con criterios de transparencia y a espaldas de la academia. Según recoge un medio de comunicación ya la decisión parece estar tomada. Varela expuso, “Vamos a anunciar la nueva prueba, la nueva metodología adaptada a las circunstancias  y vamos a evaluar, porque la ley nos pide hacer una prueba, pero será diferente”. Es decir, esta nueva prueba surgirá de un proceso poco transparente ante la comunidad educativa. 

Ante esta decisión me pregunto, ¿cuál es el objetivo de anunciar a menos de dos meses de realizarla?, ¿no se violentan los derechos de los estudiantes recogidas en las propias normativas del Mined al negarles conocer previamente y con anticipación qué se evalúa y cómo se evalúan?, dado que desde 2004 la Paes tiene un criterio de promoción, ¿seguirá este criterio para este año?, ¿cuál es el rol de los docentes en esta prueba? Espero que se confunda, como es tradicional en estos casos, el proceso de validación con una consulta no vinculante al gremio. ¿Qué escala de evaluación tendrá? Recordemos que entre 2002 y 2004 se cambió la escala de evaluación con el objetivo de esconder los malos resultados, ¿seguirán otorgándose becas acorde a ese resultado?… 

Cierro esta opinión con, a mi criterio, la pregunta central del debate, ¿para qué debemos usar los resultados Paes? La prueba es un buen indicador, pero solo eso, un solo indicador. Hasta el momento no se han utilizado sus resultados para la definición de la política pública, la importancia de una prueba estandarizada no radica en la nota final, sino en el día siguiente que se publican sus resultados, ¿qué decisiones vinculantes generará al presupuesto, al currículo, a la formación docente (inicial y continua), a los programas educativos y la acreditación de los estudiantes? Todo esto debe estar claro antes de anunciar cambios, más si se busca una prueba más cualitativa, como se pretende aspirar en Plan Maestro.  

Espero que la decisión de mantener una prueba estandarizada no responda únicamente a la necesidad de no parecer que el año 2020 ha sido un año perdido (que no ha sido) para la educación en El Salvador. Espero. 

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