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Johanna Segovia

Johanna Segovia

Pensando en cambiar

Todos comentan que este confinamiento dado por la pandemia nos ha otorgado tiempo para ordenar, crecer y evolucionar, pero realmente ¿ha funcionado así para usted? Esto no solo aplica para la estética de nuestro hogar o para las competencias profesionales, sino en nuestro pensamiento, ideales y básicamente en nuestras creencias de lo que somos como individuos y sociedad. 

Notablemente, aunque muchos no se quieran dar cuenta, la realidad de cada individuo parece ser desconocida para la mayoría, y en nuestros pensamientos se antepone no solo las condiciones propias sino también los estereotipos, la información disponible, la religión y la ideología. Expresando que se debe pensar, vivir y hasta sentir por igual, independientemente seamos todos diferentes. No se logra apreciar la individualidad tan importante que compone nuestra sociedad. 

La presión social de observar que todos manifiestan la protección que nos brinda el hogar, la oportunidad tan grande que significa poder desarrollar las actividades diarias desde casa o tener la disponibilidad de tiempo para realizar ese pendiente que nunca lograba por su apretada agenda; opaca la realidad de muchos, quienes en su tiempo laboral sumaron el quehacer de la casa, las responsabilidades de atención a sus hijos (o mascotas) o que a sus actividades diarias del hogar se les sumaron más personas y por tanto, mayor quehacer. Esto sin mencionar la gran cantidad de personas que suplen sus necesidades básicas con trabajo diario o qué necesitan realizar actividades en persona para lograr esa ganancia con la que mantienen su estilo de vida, sea este bueno o no a los ojos de otros 

Todo ello parece que abruma nuestras mentes y nos imposibilita ver que el cambio podría estar más allá de nuestro día a día, parece que hay más dolor que el que expresamos y aceptamos públicamente. Y probablemente del que está en nuestro pensamiento. Claro que es importante aceptar las emociones individuales, como el agobio y la preocupación que cada uno siente ante escenarios inciertos, pero también debemos aportar con pensamiento crítico e inteligencia social y emocional, es nuestra responsabilidad al ser la unidad que integra la sociedad. 

La relación del individuo con el mismo, el colectivo y su entorno es de suma importancia, y parece ser que este aspecto a veces se nos escapa del pensamiento. Existen muchos disuasivos que nos aturden, por ejemplo la sobreinformación, que puede llegar a impactar de forma negativa sino tenemos mecanismos de selección y crítica a lo que consumimos y asimilamos para nuestros pensamientos e ideología. Mucha de la desinformación se esconde en opiniones, incluso llegando a estar disfrazada y disponible como conocimiento.  

Anteponiendo la dinámica del día a día, a veces nos alejamos de comprender que se debe pensar de manera global para actual localmente. Y que la ciencia debe ser el instrumento para analizar y abordar problemas y necesidades de nuestra sociedad. En el último siglo, existen grandes avances científicos, pese al poco apoyo financiero, el desinterés de la mayoría de los sectores de las sociedades y a veces, hasta con una evidente ruptura entre el ámbito académico y el político. Generalmente, quienes alejan la ciencia y la cultura de los ciudadanos buscan disminuir la crítica y la libertad. Promoviendo la confusión, la desinformación y poco a poco la necesidad de implementar decisiones unidireccionales. 

Parece que los padecimientos que sufrimos como humanidad, se los hemos contagiado a nuestro medio ambiente. El desequilibrio de las sociedades es percibible en la vulnerabilidad del patrimonio natural y cultural. Como país, necesitamos más referentes dentro de la ciencia y la cultura, que conecten y acerquen el conocimiento a la vida cotidiana. Para cambiar nuestros paradigmas y la manera de concebir las limitaciones de la sociedad. Y es que, no todo el que grita dice algo y no todo el que calla es por ignorancia. Porque sí bien ahora es el COVID 19, luego tendremos que afrontar otras consecuencias por el mal uso de los recursos y las evidentes modificaciones que causamos en el planeta, las cuales no se detendrán con un decreto político ni serán menos leves por despertar emotividad entre nosotros. 

Lo más valioso de cada país es su gente, y debemos creer en nuestras capacidades y potencialidades. Necesitamos ciudadanos que no solo accedan al conocimiento, sino que lo comprendan y evidencien, que estén dispuestos a no poner en riesgo la salud individual, colectiva y de su entorno. No se debe pensar que el conocimiento solo puede producirse lejos de países como el nuestro, ni optar por ignorar los hechos científicos para manipularlos y generar opiniones desinformadas.  

Existe gran necesidad para implementar estrategias que inserten a científicos jóvenes a nuestro sistema académico; así como, en reconocer y respetar la opinión con evidencia científica. Pero también, incorporar políticas institucionales que valoren el esfuerzo de involucrar y compartir el conocimiento con todos los sectores de la sociedad. La investigación fundamental debe priorizarse y contar con financiamiento debidamente equilibrado entre las disciplinas. Debemos creer y apostar a la ciencia que trabaja con nuestros océanos, bosques, ríos y nuestra interacción con ellos.   

El origen de los problemas sociales parte de nuestra desequilibrada relación con el medio ambiente, sin embargo la naturaleza se ha recuperado de todos los eventos catastróficos que se han registrado en el tiempo, pero no así las especies ni el funcionamiento de los ecosistemas. Es por esto, que priorizar en la salud de nuestro planeta es priorizar en la salud humana, y si bien es algo que nos corresponde a todos, se inicia con responsabilidad individual. 

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