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Claudia Meyer

Claudia Meyer

#ProhibidoOlvidarSV

El Presidente de nuestra República, algunos miembros del Ejecutivo y los ciudadanos que van por una candidatura del partido Nuevas Ideas (NI) parecieran que promocionan últimamente, con respecto al conflicto armado y los Acuerdos de Paz, la canción “pero no me acuerdo, no me acuerdo… Y si no me acuerdo no pasó, eso no pasó”.

Aquí hay tres puntos delicados: el olvido, la memoria histórica y la justicia restaurativa.

El saldo de esos 12 años de guerra en el país recoge, aproximadamente, 75,000 víctimas mortales y 8,000 personas desparecidas forzosamente; si quiere tener una idea de la dimensión de esta ausencia, recomiendo la visita al monumento a la Memoria y la Verdad en el parque Cuscatlán, donde sobrecoge lo largo de ese muro pero, sobre todo, la cantidad de nombres esculpidos en piedra. Es más sombrío cuando esa visita se realiza un 2 de noviembre, donde, ante la falta de una tumba, ese lugar es el único que muchas familias del país visitan para recordar a quienes ya no están.

Otras visitas que recomiendo hacer, y el mismo día, son al Museo Militar de la Fuerza Armada de El Salvador, ubicado en el antiguo Cuartel El Zapote, y al Museo de la Palabra y la Imagen. Al escuchar a los guías en ambos recorridos, queda claro que la verdad tiene perspectivas, y en el conflicto armado ambos bandos lucharon creyendo en sus convicciones y dando por sentado que estaban haciendo lo mejor para la nación; y esa convicción, más la esperanza de estar luchando por un futuro mejor para las próximas generaciones, hacía que valiese la pena luchar y morir.

Celebro que en la década de los 90 las instituciones hayan encontrado la madurez política para sentarse y acordar; que fruto de ello cesara la guerra y entrásemos a una nueva dinámica de aprendizaje: la paz, vivir en democracia, con nuevos actores políticos e institucionales. ¿Qué no todo ha sido perfecto, que hay descontento, corrupción, deudas no saldadas del proceso? Claro que existen (vean estos 10 puntos sobre víctimas e impunidad que registra el sitio de la Fundación para el Debido Proceso), pero tanta falencia no amerita con dar al traste con las ganancias del proceso, al contrario, es cuando más debemos ser exigentes con la institucionalidad para que haga su trabajo.

Lo que está pasando desde el Ejecutivo y con algunos candidatos de NI es delicado; viniendo desde la Presidencia es contraproducente pues recordemos que desde los gobiernos se construye la “historia oficial”, y aquí tenemos un posicionamiento que aboga por desvirtuar esfuerzo y sangre vertida. Si desde los gobiernos se tiene injerencia en la historia oficial ¿qué podemos esperar entonces sobre la historia que se dictaminará que se enseñe como oficial en los centros educativos?… ¿habrá apertura para que se enseñe “otra historia” desde lo alternativo y las resistencias, o será menospreciada y descartada como ha pasado con el ejercicio del periodismo que no concuerda con las afirmaciones del Ejecutivo?

Dice David Rieff que “estar desprovisto de memoria es estar desprovisto de un mundo”, y en este sentido asusta la ligereza con la que se habla de estos temas desde el Ejecutivo; más que estar desprovistos pareciera que crecieron huérfanos de historia, de pensamiento crítico, de educación… la ignorancia es atrevida, dice un dicho por ahí. Sobre la memoria histórica nos dice José Pedreño que “el pueblo que no conoce su historia no comprende su presente y, por lo tanto, no lo domina, por lo que son otros los que lo hacen por él”, y esto nos lleva, según el mismo autor a vivir en una sociedad en la que “estamos construyendo nuestra historia como pueblo no con nuestro guion, sino con el de los que promovieron (y promueven) el olvido. No somos, realmente, dueños de nuestro presente, porque sólo conocemos nuestro pasado vagamente”.  Estas afirmaciones de Pedreño preocupan, porque va más allá de aquello de que estemos condenados a repetir los hechos pasados: más bien no hay condena alguna cuando los hechos no llegan a ser ni propios y por ende navegamos en un torbellino de desconocimiento, además de tomar decisiones sobre la incertidumbre. ¿Debiera ser este el escenario ideal sobre el que actúe el Ejecutivo? Para un gobierno responsable con la ciudadanía no, pero para quienes quieren desproveernos de nuestra herencia y promover el olvido sí lo es.

Sin embargo, este Gobierno, en 2019, reconoció y declaró como bien cultural dos edificaciones: una en memoria de las víctimas de la masacre de Cerro Pando y otra en memoria de las víctimas de la masacre de La Joya, ambas suscitadas en Morazán. Esto nos muestra una situación sumamente disonante, pues por un lado tenemos el reconocimiento a sitios como lugares de memoria, sumado al encuentro que sostuvo el Presidente con familiares de las víctimas de la masacre de El Mozote (a pocos días de haber sido nombrado como tal, en junio de 2019), versus las declaraciones del mismo Presidente en diciembre de 2020 en Morazán, y recién por Twitter en 2021, al respecto de que la guerra fue una farsa, igual que los Acuerdos de Paz… ¿la manipulación política de la que el mismo Presidente habla?

La población recuerda y conmemora en estos sitios como lugares donde perdieron a sus familiares; esas edificaciones son memoria de la historia que aconteció en el territorio. Al tratar la guerra como una farsa, este conflicto, estos sitios, esos acontecimientos y recuerdos se elevan entonces al terreno de la ficción y la falsedad. Esta cadena de pensamiento deja fuera de la realidad las motivaciones del conflicto, el conflicto mismo, los beneficios logrados a partir de los Acuerdos de Paz, y hoy, actualmente, las prácticas restaurativas necesarias para la población: la reparación del daño a las víctimas, la determinación de responsabilidades de los ofensores y el establecimiento de acuerdos más las comunidades de apoyo. En esta misma línea de pensamiento, al ser la guerra una patraña, la impunidad tiene entonces vía libre y no tiene caso seguir judicializando atropellos de ese entonces, tampoco sería necesario continuar con los compromisos con los veteranos de guerra… simple, porque todo habría sido una simulación… peligrosa esta cadena de pensamiento ¿verdad?

La máxima de perdón y olvido trae funestas consecuencias, equiparables a las de manipular y negar los hechos pasados. Dijo el Gral. De Gaulle que “nada se seca tan pronto como la sangre”, y aquí, en El Salvador, y desde la presidencia, pareciera que están urgidos por borrarla.

Referencias

Diario Oficial (10/09/2019). Resolución Interna RD-011/2019. – Se reconoce y declara como Bien Cultural la edificación a la Memoria de las Víctimas de la Masacre de Cerro Pando, ubicado en el caserío El Barrial, cantón Cerro Pando del municipio de Meanguera, departamento de Morazán. Tomo No. 424, número 168. Disponible en: https://www.diariooficial.gob.sv/diarios/do-2019/09-septiembre/10-09-2019.pdf

Diario Oficial (02/12/2019). Resolución No. RD-No. 013/2019.- Se reconoce y declara como Bien Cultural la edificación en Memoria de las Víctimas de la Masacre La Joya, ubicado en el caserío El Potreo, cantón La Joya, del municipio de Meanguera, departamento de Morazán. Tomo No. 425, número 227. Disponible en: https://www.diariooficial.gob.sv/diarios/do-2019/12-diciembre/02-12-2019.pdf

Pedreño, José (18/97/2004). ¿Qué es la memoria histórica?. Disponible en: https://rebelion.org/que-es-la-memoria-historica/

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