Como sabemos, la psiquiatría es una especialidad médica dedicada al estudio de los trastornos mentales de origen genético o neurológico con el objetivo de prevenir, evaluar, diagnosticar, tratar y rehabilitar a las personas con “trastornos mentales”, y asegurar la autonomía y la adaptación típica del individuo a las condiciones,  de su medio.

El concepto de «enfermedad mental» -y la psiquiatría- se desarrollan entre los siglos XIX y XX; muchos enfermos mentales eran tratados desde la religión como poseídos o recluidos en asilos donde recibían «tratamientos morales» con el fin de disminuir su «confusión mental» y «restituir la razón»; posteriormente se introdujeron varias prácticas médicas controvertidas: inducción artificial de convulsiones o electroshock; cercenar porciones del cerebro o lobotomía; hasta que llegaron la nuevas drogas antipsicóticas, antidepresivas, etcétera.   

Del “Malleus maleficarum” (Martillo de brujas) escrito en 1486 por los teólogos Heinrich Kramer y Johann Sprenger en dónde se atribuye al demonio la causa de todas las enfermedades mentales,  hasta el primer Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders o DSM (1952), editado por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, la ciencia ha evolucionado muchísimo. Hoy tenemos el DSM-V y los avances de la neurociencia.

En el inventario de las principales enfermedades mentales nos encontramos algunas vinculadas a las conductas políticas: Ansiedad, Trastorno de oposición desafiante, Trastorno obsesivo-compulsivo, Paranoia, Esquizofrenia, Adicciones, Trastorno bipolar, Trastorno de personalidad múltiple disociativo, entre otros.

La psiquiatría política intenta estudiar, comprender y describir las enfermedades mentales de los políticos; Drew Westen en su libro “The Political Brain” describió el papel de las emociones en las decisiones política, es decir una mirada neurocientífica. Primera conclusión: La razón y la racionalidad juegan un papel limitado en las decisiones políticas. Segunda conclusión: El uso de palabras e imágenes desencadenan cascadas emocionales. Tercera conclusión: Hay un sesgo de confirmación, y aquí se juega todo.

Ahora bien, describamos las enfermedades psiquiátricas políticas: 

Ansiedad: sentimiento de miedo, temor e inquietud por llegar al poder o por perder el poder; preocupaciones y miedos intensos, excesivos y persistentes sobre situaciones diarias. Con frecuencia, en los trastornos de ansiedad se dan episodios repetidos de sentimientos repentinos de ansiedad intensa y miedo o terror que alcanzan un máximo en una cuestión de minutos (ataques de pánico).

Trastorno de oposición desafiante: Es un patrón recurrente o persistente de conducta negativa, desafiante o incluso hostil dirigida a figuras de autoridad como la Constitución, los fallos de Magistrados o a la Independencia judicial

Trastorno obsesivo-compulsivo: Significa tener obsesiones, compulsiones o ambas cosas, relacionados generalmente al dinero o al poder; esto puede generar actitudes de reelección, autoritarismo, percibir a todos como opositores, entre otras características.

Paranoia: La paranoia se da cuando se cree que todo lo que ocurre y todo lo que se percibe es resultado de un mismo hecho que intenta ser ocultado por alguien o algo producto de un plan premeditado, pero que no se puede probar o que los de alrededor no lo ven así. Así, los políticos se inventan enemigos, opositores, planes siniestros y creen que todo gira en torno a ellos.

Esquizofrenia: Esta enfermedad mental grave afecta la forma en que una persona piensa, siente y se comporta. Las personas con esquizofrenia pueden parecer como si hubieran perdido el contacto con la realidad, lo que puede ser sumamente angustioso. Los políticos comienzan a padecer alucinaciones, delirios y trastornos; creen que todos quieren su puesto, que hay enemigos, oyen y ven cosas que no existen.

Adicciones: Se llama adicción del latín addictus​ a una enfermedad crónica y recurrente del cerebro que se caracteriza por una búsqueda patológica de la recompensa o alivio a través del uso de una sustancia u otras acciones. La adicción al poder es algo muy común, llegar a un cargo y no querer entregarlo, ya que se acostumbran a los privilegios y al uso desmedido del poder.

Trastorno bipolar: Es una afección mental en la cual una persona tiene cambios marcados o extremos en el estado de ánimo. Los períodos de sentirse triste y deprimido pueden alternar con períodos de excitación y actividad intensa o de sentirse malhumorado e irritable. Los políticos tienen días muy afables y empáticos y días terribles de malhumor; aman y odian; insultan y alaban; entre otras conductas.

Trastorno de personalidad múltiple disociativo: Este trastorno, antes conocido como trastorno de la personalidad múltiple, se caracteriza por “alternar” diferentes identidades. Es posible que sientas la presencia de dos o más personas que hablan o viven en tu cabeza, y que sientas que estás poseído por estas identidades. De repente manifiestan que están a favor de algo y días después que están totalmente en contra…

Otilio Flores Corrales en “Psiquiatría política: Patologías del Estado” (2005) plantea los problemas de deshumanización estructural, las máscaras, anormalidades y artimañas de nuestra cultura política perversa: “La presencia de la enfermedad en la política (política como oficio y  no como episteme) comienza con el  síntoma  de la pérdida de lo real (y de la historia como representación de la memoria de una cultura) a través del discurso sofístico que carece de contenido, y más grave aún, cuando, carece de interlocutores. La política es diálogo. El simulacro invade como apariencia al sentido del diálogo. La carencia de sentido y  de dirección como ausencia de lo real en el contenido de dicho sentido y  dirección -en materia política y lingüística-, la da el sentido y la dirección que tiene la esencia de los medios sobre los fines.”   

No sólo los políticos padecen estas enfermedades, pero ellos deciden los destinos de las naciones…; los comportamientos psicóticos de nuestros políticos latinoamericanos deben ser vistos, juzgados y tratados desde la psiquiatría política; estamos ante dementes, psicópatas y sociópatas enloquecidos por el poder. En la historia política contemporánea hay demasiados casos clínicos, unos presos, otros huyendo y otros ejerciendo, que se creen dueños de la gente, del Estado y del país.

Nota: Esta es la introducción a mi próximo libro: “Psiquiatría política: relatos ideológicos del cerebro”

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