Resulta muy incómodo andar respondiendo preguntas de los periodistas…; ¿cuánto costó?, ¿cuál es el origen de los fondos?, ¿quiénes participaron en la licitación?, ¿por qué viajó en avión privado?, ¿quién era el dueño del avión privado?, ¿quién es el del gorro pasamontañas?, ¿de cuánto presupuesto dispone el funcionario?, ¿cuánto gastan en publicidad y comunicaciones? y mil cosas más.

Dedicar tiempo a responder a cientos de consultas sobre proyectos, hacer tareas estadísticas, atender a muchos medios de comunicación y ciudadanos, todo esto es una pérdida de tiempo. Además, existe una atmósfera de desconfianza.

No se han puesto a pensar que casi todos los funcionarios, por no decir todos, son de competencias notorias académicas y morales; gente de bien, que no quiere nada más que servir a la nación y a la patria.

¿Para qué tanta rendición de cuentas y transparencia?, ¿para qué necesitamos acceso a la información pública?, ¿no saben que hay una eficiente Corte de Cuentas de la República, que además hay un Tribunal de Ética Gubernamental y hasta una sección de Probidad en la Corte Suprema de Justicia?

Además, las líneas editoriales de los medios de comunicación tienen una agenda política e ideología; le llaman el “cuarto poder” y suelen ser opositores. Utilizan la libertad de expresión como una herramienta de coerción; y la mayoría de investigaciones periodísticas son persecuciones políticas disfrazadas para dañar la reputación de nuestra clase política.

No necesitamos prensa ni periodistas, lo que hacen falta son verdaderos creadores de contenidos, jóvenes disruptivos e imaginativos; influencers y youtubers, que propaguen videos y fotos con mensajes positivos y optimistas.

Estamos en una etapa de transformación digital y las redes sociales son los nuevos medios de comunicación; es en este nuevo lugar en dónde la gente se informa, conoce y aprende. Además, las teorías de conspiración, rumores y Fake News son fundamentales para los nuevos debates de altura en Twitter.   

No hay tiempo para leer una crónica interminable, con tanto detalle, nombres y datos. Tampoco hay tiempo para analizar datos o hacer cálculos matemáticos de ejecución presupuestaria. ¿Para qué…?, ¿para generar desconfianza y miedo?, ¿para dañar la reputación de un servidor público que ha abandonado su exitosa carrera en el mundo empresarial para dedicarse a una causa democrática y humanitaria?

Hoy todo ha cambiado, la nueva clase política no es como “los mismos de siempre”; hay una nueva visión ética de país, que ama al pueblo y que está entregada al pueblo; y esta es una verdad incuestionable. Estamos ante una nueva dimensión histórica, ante una nueva oportunidad y debemos creer y no ser malagradecidos.

La “mala prensa” busca la cana en el vaso de leche… son como espías e investigadores que utilizan fuentes protegidas o anónimas, que cuentan cosas con objetivos perversos. Antes sí era necesario saber, ahora ya no, los tiempos han cambiado.

Sin prensa todo es mejor. Sin preguntas incomodas o insolentes, que, en no pocos casos, faltan el respeto a nuestros líderes gubernamentales; y no solo pregunta uno, varios quieren preguntar y hacer perder una hora de tiempo en una conferencia de prensa, tiempo que se le quita a los proyectos estratégicos, planes y al mismo pueblo salvadoreño.

¿Qué sucedería si desaparecen los noticieros privados, los periódicos, radios y canales de televisión?; pues nada, seguiríamos avanzando hacia un futuro mejor. ¿De qué sirven esos reportajes medioambientales que pretenden detener el desarrollo urbanístico?, ¿qué importa si un funcionario de gobierno viaja en primera clase o en jet privado, si lo importante es llegar al destino?

Muchos funcionarios trabajan 24/7 mientras los periodistas solo cumplen un horario de 8 horas y se preocupan por cosas menores, como por ejemplo del uso de guardaespaldas o camionetas de lujo. ¿Es malo o negativo dar contratos de fondos públicos a amigos o familiares?, ¿qué tiene de malo si son las personas más allegadas y de mayor confianza?; quizá todo es envidia…

La prensa anda buscando los errores para magnificarlos; los periodistas son gente resentida que reciben fondos de fuerzas oscuras, tienen una agenda perversa y la mayoría no entiende los designios divinos. No han leído a Romanos 13, 1: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas”.

Las autoridades gubernamentales están ahí por designio divino, y oponerse a ellos es una blasfemia, una ofensa, una herejía. Es un asunto de fe, y la razón y el método periodístico no son herramientas para descifrar los designios y misterios divinos. Todo esto es bíblico…     

Sin prensa estamos mejor, mucho mejor, para que Dios obre en nuestro país según sus designios, porque aquí no se cae ni la hoja de un árbol sin la voluntad de Dios. Solo debes cerrar los ojos y creer.

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