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Soldados, Ingenieros y Singapur

La edad promedio de los 15 pandilleros salvadoreños más buscados por la justicia de Estados Unidos es 44.7 años; nacieron cerca de 1976 e ingresaron a la escuela por 1983. Considerando que la escolaridad pandilleril promedio es de cuatro a cinco grados, podemos calcular que abandonaron el centro educativo en 1988. 

Su nacimiento y limitada escolarización se realizó en medio de la guerra civil; probablemente venían de hogares desintegrados o disfuncionales; en plena adolescencia buscaban pertenecer y ser aceptados por un núcleo humano; ni su familia ni su centro escolar lograron ofrecer ese espacio fundamental socio-emocional, las pandillas sí… 

Desde los Acuerdos de Paz (1992) y obviamente desde mucho antes, seis de cada diez estudiantes que terminan educación básica desertan o abandonan el sistema educativo. La cifra es alta y escandalosa. Para poner en números más dramáticos y entender la dimensión del problema: Graduamos al año en promedio 80,000 bachilleres (40%) y deberíamos graduar 280,000; en efecto, perdemos 200,000 estudiantes (60%) cada año, en la transición de tercer ciclo a educación media.   

Estos 200,000 adolescentes van a engrosar tres filas: a) Pandillas, b) Migración; y c) Trabajos de baja remuneración; es decir, van a replicar el círculo de pobreza. 

En estos días, el Vicealmirante Francis Monroy justificó con un pobre y limitado argumento que es mejor ofrecer a la sociedad 20,000 soldados que 20,000 ingenieros; dado que para formar ingenieros se necesitan cinco años de estudios, y durante este tiempo, iba a morir mucha gente sin el apoyo de los soldados… 

Nadie objeta la importancia de fortalecer y ampliar las capacidades “policiales” para combatir el delito, el crimen organizado y las pandillas; lo curioso o absurdo son las dos hipótesis del ministro de la Defensa:  

Primero, el método, ¿más soldados?, si no comprendemos mal la Constitución, las Fuerzas Armadas no deberían dedicarse a la seguridad ciudadana, su rol es garantizar la soberanía de la nación y otras tareas excepcionales de apoyo. Lo correcto serían más policías. 

Segundo, invertir en un ingeniero en cinco años tiene una alta tasa de retorno para el país; uno de los indicadores de desarrollo de un país es justamente la disponibilidad de ingenieros, científicos y doctores. ¿Qué será del futuro de El Salvador si seguimos con esa lógica de apoyar la tesis de más soldados que ingenieros? 

Tasa de retorno y costo-beneficio: Invertir en soldados es mucho más caro que invertir en ingenieros. El costo anual de una carrera universitaria, en el sector público o privado, puede oscilar entre US$ 1,500 a US$ 2,500 anuales. Mantener a un soldado, si ganaran el salario mínimo (US$ 360) nos costaría US$ 4,680 anual, más armas, uniforme, logística y alimentación.   

El ministro dirá que los soldados salvan vidas, mientras que los estudiantes de ingeniería no, hasta víctimas pueden ser. Esta visión cortoplacista perversa es un silogismo. ¿Y si rompemos el ciclo de la deserción escolar en tercer ciclo y educación media no sería mejor? 

En realidad, el ministro cree que con 40,000 u 80,000 soldados se controlará el tema de pandillas y disminuirá la criminalidad; y también debe creer que en el futuro vamos a competir en el mercado internacional exportando… ¿qué…?, atrayendo ¿qué tipo de inversionistas…? Un alto mando militar debería tener alguna noción de economía; la palabra “Estrategia” proviene del griego “Strategos” el arte de dirigir los ejércitos… 

Un colega me comentó: es que vamos hacia el modelo de Singapur. Me dio risa y le comenté: El modelo “Singapur” (Disneylandia con pena de muerte y azotes) de Lee Kuan Yew se basa en un alto éxito económico y férreo control de las libertades individuales… pero también en otros datos importantes.  

Singapur es una de las principales ciudades globales y uno de los centros neurálgicos del comercio mundial, contando con el tercer mayor centro financiero y el segundo puerto que más mercancías mueve. Su economía globalizada y diversificada depende especialmente del comercio y del sector manufacturero. En términos de paridad de poder adquisitivo, Singapur es el tercer país con mayor renta per cápita del mundo.  

Pero Singapur también tiene una fuerte apuesta educativa; la educación se ve como un pilar esencial en el desarrollo del país con visión de largo plazo; el sistema educativo se basa en la meritocracia y la competitividad, apostando por un aprendizaje flexible, significativo y diverso. Las escuelas tienen mucha independencia y autonomía y se valoran las iniciativas de los docentes; asimismo, las evaluaciones oficiales definen el camino educativo de cada alumno y el bilingüismo es obligatorio. Por último, los profesores son muy valorados y están muy preparados, gozan de un alto prestigio social y cuentan con buenos salarios. 

En Singapur, la proporción de científicos e ingenieros involucrados en I+D aumenta a 100 por cada 1.000 trabajadores cada año… Esto se traduce en 1727 patentes residentes anuales a 2019 que justamente dinamizan la economía, en El Salvador no logramos una en los últimos cinco años.  

Para navegar en las encrespadas aguas de la globalidad y de las políticas públicas se necesitan buenos mapas y brújulas; también llevar el timón con inteligencia para no naufragar y llegar a buen puerto. 

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