Olas 02

Surf ¿City?

El surf es un deporte en auge a nivel mundial y en los últimos años El Salvador se ha convertido en una referencia internacional. Cada año son más los surfistas que viajan desde distintas partes del mundo para surfear y conocer este gran lugar. El surf es sinónimo de buenas noticias en nuestro país, tenemos surfistas con grandes logros deportivos como Jimmy Rotherham o Bryan Pérez, y el futuro de las nuevas generaciones es prometedor. El Salvador ya ha sido sede de algunas de las competencias más importantes a nivel internacional y próximamente Punta Roca albergará la séptima fecha del tour mundial de la ‘World Surf League’, el campeonato de mayor prestigio a nivel deportivo. Del 12 al 20 de junio todas las miradas del surf competitivo masculino y femenino estarán puestas en El Salvador. Este evento es otra gran oportunidad para crecer como destino turístico y llegar a nueva gente; sin embargo, es conveniente plantearnos qué estamos promoviendo como Surf City El Salvador y las implicaciones que puede llegar a tener la resultante masificación de nuestras costas durante los próximos años. 

El crecimiento de este sector turístico ha sido acelerado y sorprendente, hasta hace muy poco tiempo, gran parte de la población desconocía el potencial económico del surf. Me atrevo a decir que aún sigue habiendo mucha gente que no es consciente del posicionamiento que tiene El Salvador a nivel internacional y lo que significa para muchos extranjeros disfrutar de unos días en nuestro país. Da la sensación de que hemos esperado la llegada de los turistas para darnos cuenta de lo que tenemos y reconocer el gran valor del país.  

Hoy en día hay muchos intereses detrás del surf, desde deportivos y económicos hasta políticos y sociales. La llegada de la política a este escenario era inevitable y, como todo, ofrece ventajas y desventajas. El gobierno actual ha hecho una gran apuesta bajo el nombre de “Surf City El Salvador”, lo cual ha conseguido optimizar la potenciación del surf en El Salvador, no obstante, es interesante realizar ciertas reflexiones sobre el proyecto. En primer lugar, el mismo nombre se desgaja de la cultura salvadoreña y se vincula más hacia el mundo globalizado, perdiendo cierta esencia. Se debería apostar por un eslogan que represente el relieve, autenticidad y espíritu de nuestras costas. Ofrecer algo único y distinto puede marcar la diferencia.  Además de la calidad de nuestras olas, muchos turistas viajan a El Salvador buscando escapar de las ciudades y del mundo acelerado para encontrarse con un entorno natural y con esa esencia tropical. 

Por otra parte, el surf es un turismo que se puede desarrollar de manera sostenible, es un recurso natural que se debe cuidar y preservar. Lejos de las grandes construcciones y masificaciones en la costa, debemos plantearnos cómo conservar el medio ambiente y preocuparnos por reducir los impactos antropogénicos en la mayor medida posible. Nuestro país carece de una gestión y planeamiento costero cuyos objetivos sean íntegros y reduzcan la vulnerabilidad de la zona costera. Debemos dejar de pensar en construir en la zona costera y crear medidas que devuelvan al medio ambiente la capacidad de adaptabilidad natural a problemas como la subida del nivel del mar y el aumento de las tormentas.  

Diseñar un plan integral en la zona costera que cumpla con todas las expectativas es difícil, es una zona con alta heterogeneidad de problemas y desafíos complejos. No obstante, en El Salvador estamos poco concienciados sobre la masificación de nuestras costas y no se está planificando nada para abordar problemas futuros que cada vez están más cerca. Es evidente que en un país con tantas necesidades socioeconómicas relevantes pensar en el valor natural y ecológico de nuestro litoral puede estar en un segundo plano, pero quizás se puede invertir menos en publicidad y apostar más por un turismo y desarrollo costero sostenible, cuyos beneficios serán más longevos. Un gran paso sería mejorar el tratamiento de aguas residuales que son vertidas diariamente en los ríos de nuestro país. Todas estas aguas acaban en el mar y reducen sustancialmente la calidad de las aguas costeras, poniendo en riesgo tanto la salud pública como la biodiversidad. Existen días concretos de invierno donde es imposible ingresar a las playas por las pésimas condiciones del agua y aunque estos días pasen, muchos de los peces y mariscos que se consumen, viven en este medio y nada nos garantiza no sufrir un problema gastrointestinal. No hay duda de que solucionar este problema es urgente y supondría ventajas en todos los sentidos. 

Finalmente, me gustaría aclarar que mi objetivo con este artículo no es criticar y convertirme en un enemigo. No soy surfista pero me apasiona el mar, soy oceanógrafo de profesión, en los últimos años he aprendido sobre la gestión costera, y he tenido la oportunidad de fotografiar olas y surfistas en distintas partes del mundo. Tengo muchas ganas de trabajar, para mí sería un auténtico privilegio poner mi humilde conocimiento al servicio del país donde he nacido y crecido. 

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