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Ana María Ábrego

Ana María Ábrego

Arquitecta / Educadora. Coordinadora de la Escuela de Jóvenes Talento en TIC - UFG.

Tareas escolares : ¿educan?

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Desde siempre, el tema de las tareas escolares ha sido para mí un tema polémico. Ver estudiantes pasar todas las tardes y hasta las noches realizando tareas o deberes con desánimo, apatía y sin ningún interés me ha causado molestia y hasta enfado. Especialmente cuando se ha tratado de niños de primaria y no digamos ¡niños de  parvularia! No tener tiempo para formarse en otros aspectos, dedicarle tiempo al juego, a los amigos, a la familia, ir a fiestas de cumpleaños o simplemente tomar una siesta , en lo personal, no lo comparto; y aún más cuando las tareas son las mismas para todos tanto en cantidad como en  contenido sin tomar en cuenta las diferencias y las necesidades individuales. Suficiente tiempo pasan en el colegio como para seguir en casa con actividades académicas sin sentido (aisladas o ajenas al contenido visto en clase) y no poder dedicarse a otras actividades que también son imprescindibles para su crecimiento y desarrollo integral.

Y es que no es extraño escuchar a maestros, coordinadores e incluso directores de instituciones educativas argumentar que la cantidad de tareas o deberes que los estudiantes llevan a casa se justifica con “la necesidad de crear una rutina en los estudiantes para promover el aprendizaje”. Sin embargo, no concuerdo con esta afirmación y creo que carece totalmente de fundamento.

Leyendo un reciente artículo publicado por CTTL ( The Center for Transformative Teaching and Learning , “Too much homework hurts your students”) me encontré con una perspectiva completamente acorde a la mía ya que se plantea que las tareas escolares en exceso perjudican en todo sentido a los estudiantes. Las tareas rutinarias y sin objetivos precisos no son necesarias todos los días e incluso pueden llegar a ser extremadamente nocivas. La tarea asignada únicamente para que los estudiantes  “se ocupen en algo bueno” por las tardes (y a veces hasta por  la noche)  o la tarea que no está relacionada con una experiencia previa en el aula, es una pérdida desmotivadora de tiempo y desgasta la energía de los estudiantes.

Considero que la tarea, en sí misma, no es algo malo y podría  tener un impacto sumamente positivo en el desarrollo académico e integral de los estudiantes. Pero para que esto suceda la clave está, tal como lo plantea el artículo de CTTL , en  asegurarse de que cada tarea sea necesaria y relevante, y que los estudiantes tengan suficiente tiempo para descansar, jugar  y formarse en  otros aspectos de sus vidas.

Asignar tareas constantes y en grandes cantidades  a menudo está ligado a la idea de que cuanto más rigurosa sea una clase, mejor será. No obstante, según una investigación del profesor Harris Cooper de la Universidad de Duke ( «Homework helps succeed in school, as long as there isn’t too much” ) , esta creencia es errónea: «demasiada tarea puede disminuir su efectividad, o incluso volverse contraproducente» y es que  no se trata de la cantidad sino de la calidad de las tareas que  realiza un estudiante lo que le permitirá avanzar y favorecer su aprendizaje “lo bueno se da en pequeñas dosis”.

En cuanto a la escuela primaria, afirma Cooper,  «no hay evidencia de que la cantidad de tareas mejore el rendimiento académico de los estudiantes” y que no  es hasta en la escuela secundaria que las tareas comienzan a resultar útiles y relevantes en los estudiantes.

La mejor pauta para la tarea, sugiere Cooper, es asignar cuarenta minutos por día de tareas para niños en primaria (si es que se asignan), de una a dos horas máximo por día de tareas en bachillerato, y solo hasta una hora máximo en secundaria. Esto se basa en el entendimiento de que los niños en edad escolar se están desarrollando rápidamente en múltiples ámbitos de sus vidas; por lo tanto, la familia, los intereses externos y el sueño resultan afectados si los estudiantes pasan todas las tardes y  las noches ocupados realizando tareas. Incluso, en dicho estudio, para los estudiantes de bachillerato, los resultados de más de dos horas de tareas no se asociaron a mayores niveles de logros.

Algunas tareas aportan más beneficios que otras y facilitan aún más el aprendizaje. Estas son aquellas que tienden a ser simples y a estar relacionadas entre sí. La investigación sugiere que mientras más tareas aisladas y no estructuradas sean, menor será el efecto positivo que tienen sobre el aprendizaje. El mejor tipo de tarea consiste en actividades planificadas y enfocadas que ayudan a reforzar lo que está sucediendo en la clase como actividades que ayuden a los estudiantes a recordar y enriquecer lo que han estado aprendiendo. En el artículo de CTTL, se mencionan algunos ejemplos como actividades que incluyan una combinación de preguntas prácticas y simples  de lo que sucedió hoy, hace tres días y hace cinco días. (También se puede considerar extender esta idea al integrar conceptos y habilidades). Otro enfoque útil es asignar un ejercicio que actúe como una simple introducción al material que está a punto de enseñarse. En general,  todas las actividades a realizar como tareas en el hogar deberían ser una continuación del contenido que se está desarrollando en clase, en otras palabras, que estén relacionadas con lo que sucedió antes de la tarea, así como lo que sucederá a continuación.

Las tareas no deben usarse para enseñar nuevos temas, conceptos o habilidades complejas. La tarea debe estar estrechamente relacionada con el aprendizaje actual. La gestión del tiempo así como la planificación de los cursos son competencias indispensables para que se  logren alcanzar los objetivos planteados y es responsabilidad única del maestro. Pero si por alguna razón, se acaba el tiempo y no se puede cubrir todo un tema planeado en un día determinado,  ¡las tareas no son la solución!

La tarea nunca debe ser usada como una herramienta disciplinaria o una sanción. La tarea es una oportunidad de apoyar a los estudiantes en su proceso de aprendizaje autónomo ¡no un castigo! Es una herramienta para generar interés por aprender de manera independiente, de motivar a la investigación, de reforzar el desarrollo de competencias  o de aumentar el gusto por ir más allá de lo aprendido. Es importante que los estudiantes sepan y confíen en que lo que están haciendo en casa es una parte vital de su aprendizaje.

Por otra parte, es frecuente que los estudiantes  se frustren antes de comenzar la tarea y esto se debe a que simplemente ¡no saben cómo hacerla! Suelen confundirse con las consignas o las instrucciones, y no cuentan con los medios para remediar la situación, lo que resulta extremadamente desmotivador. Una estrategia útil para evitar estas situaciones, sugiere el artículo de CCTL, es darles a los estudiantes unos minutos en clase para  leer la consigna, cerciorarse que todos hayan comprendido y comenzar su tarea, de modo que puedan abordar cualquier pregunta que surja. Es imprescindible que los estudiantes conozcan no solo lo que se espera de ellos sino además los objetivos o finalidad de cada tarea, así como los criterios que serán evaluados, según el caso.

Para obtener un buen rendimiento académico, el primer paso es aprender a aprender, hacerlo de una manera inteligente, que represente un desafío acorde al nivel personal, con los medios, recursos y metodología correctos y adecuados. La tarea es una gran herramienta, pero debe ser usada sabiamente. Debe de existir la seguridad de que el tiempo que se les pide a los estudiantes en casa para realizar sus tareas sea significativo para su aprendizaje; que lleguen a casa motivados, con ganas de realizar las tareas, que no tengan dudas sobre lo que deben hacer y cómo lo deben hacer porque  de lo contrario, el estrés y la desmotivación pueden ser perjudiciales para su bienestar e incluso podrían despertar una  aversión hacia ellas. En pocas palabras, una sola tarea bien planificada y estructurada, con uno o varios  objetivos claros y específicos, que “tenga sentido” y genere interés en el estudiante puede ser muy beneficiosa.

Pero si como lo expuse anteriormente, lo que se busca es que los estudiantes aprovechen su tarde en “algo bueno” cuando no se dedican a otras actividades,  “la tarea” podría consistir en la realización de un proyecto personal, pluridisciplinar, que parta del centro de interés de cada uno, o hasta colectivo (equipos con intereses afines). Así, “la tarea” se transforma en un “proyecto transversal” que conlleva a una “producción final” representada en formas variadas desde un reporte escrito, un álbum, un diario, un afiche… hasta una producción plástica, una exposición oral, un sketch teatral, una presentación visual o multimedia, etc. que pueda ser presentada para todos en clase. El aprendizaje se dará de forma natural ; la tarea “tendrá sentido” y les permitirá poner en práctica sus conocimientos previos, sus habilidades y seguir desarrollando sus competencias. A manera de ejemplo, si a un estudiante le gusta pintar, que su proyecto  sea el de realizar un cuadro; si a otro le gusta crear objetos con material reciclable, que su proyecto consista en la realización de una obra original y creativa; si a otro le gusta coleccionar objetos, que prepare una exposición de ellos ; si a otro le gusta la  historia, que investigue sobre el tema que le llama la atención y prepare una ponencia… Nada le vendría mejor a su autoestima que exponer y dar conocer a los demás  “lo que les gusta o en lo que son buenos”. Al maestro le daría la oportunidad de conocer mejor a sus estudiantes, conocer sus intereses , sus habilidades, conocimientos y competencias en otros aspectos, además de evaluar lo propiamente académico en diferentes  áreas según la naturaleza del proyecto  como el lenguaje, la expresión, la redacción, etc. El objetivo es que en casa realicen “tareas  significativas” para ellos, que les genere emociones positivas y que les despierte el gusto por enriquecer su aprendizaje.