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Un nuevo año escolar “online”:  El reto continúa..

El reciente estudio de tipo exploratorio “Educación y COVID-19: estudio de factores asociados con el rendimiento académico online en tiempos de pandemia(caso El Salvador)» realizado por el Instituto de Investigación para el Aprendizaje (IIA) y el Instituto de Ciencia, Tecnología e Innovación (ICTI) de la Universidad Francisco Gavidia reveló datos importantes sobre los problemas, desafíos y percepciones de los estudiantes, en la migración forzada del sistema educativo presencial al modelo virtual. En este sentido y en el contexto del inicio de un nuevo año escolar en la misma modalidad “online”, sería pertinente considerar los resultados de dicha investigación para modificar, adecuar o afinar algunos aspectos a nivel didáctico y así aportar mejoras al proceso de enseñanza aprendizaje.

De los factores esenciales y básicos para el óptimo desarrollo del proceso de aprendizaje tenemos los recursos motivacionales y atencionales. Según los datos de la investigación tres de cada diez estudiantes se aburren en clases y el 22% se pone ansioso o estresado.

Para Menchén Bellon (2006), es imprescindible que los docentes tengan siempre en cuenta los “activos intangibles” que son aquellos que no se ven en un aula pero que están y ayudan a producir éxitos o fracasos. Estos factores se hacen aún más imperceptibles en la modalidad virtual. Uno de estos factores es la motivación. En este sentido, es necesario administrar los recursos y diseñar estrategias que motiven y generen interés. Los docentes deberán seguir apelando a su creatividad en forma sistemática y consciente, para diseñar actividades significativas, dinámicas y variadas que permitan que los estudiantes se mantengan activos, motivados e implicados. Algunas opciones podrían ser: dividir las secuencias didácticas en diferentes tiempos y modalidades de trabajo incluyendo herramientas variadas como videos, audios, textos, entre otros. También, planificar tiempos de trabajo colaborativo y trabajo autónomo sin olvidar la importancia de las puestas en común y sobre todo la retroalimentación constante de los aprendizajes para verificar los logros y nivelar los resultados.

Por otra parte, sabemos que el aprendizaje tiene relación directa con los estímulos emocionales, de los que depende qué y con qué profundidad se aprende. Las emociones inciden significativamente en el proceso de aprendizaje. Para muchos estudiantes el inicio de un nuevo año escolar puede generar per sé ansiedad y estrés. Además, las condiciones particulares en las cuales cada uno ha sobrellevado la continuidad pedagógica han sido muy diferentes y han tenido un impacto importante en sus hábitos y su estado emocional. Por tanto, será muy importante crear desde los primeros días un clima de clase cálido que atenúe todas las preocupaciones, especialmente de índole escolar y social que puedan tener. Esto significa generar un ambiente de empatía, apoyo, confianza y darles la seguridad de que no están solos en este proceso. Además, será necesario mantener el contacto personalizado con cada uno de ellos así como el contacto con el grupo asumiendo un rol de acompañamiento y facilitando la adaptación a un contexto tan difícil, complicado y hasta traumatizante.

En cuanto a los recursos atencionales, el 13% de los estudiantes encuestados manifiesta no tener un espacio adecuado para recibir sus clases y el 41.5% que le cuesta concentrarse por factores ambientales o familiares.

Si bien es cierto, tanto los ambientes de aprendizaje de los estudiantes como los factores distractores son condiciones ajenas y se escapan del control del docente. Sin embargo, una manera de ayudarlos para evitar que la atención se pierda con mayor facilidad es apoyándolos en la adecuación de sus espacios de aprendizaje. A manera de ejemplo, solicitarles que tengan a su alcance únicamente lo estrictamente necesario para la clase evitando en la medida de lo posible factores distractores como objetos que distraigan la atención. Otra opción es proponerles negociar con sus familiares a ciertas horas del día.

Por otra parte, es evidente que para algunos estudiantes que ya en la modalidad presencial presentaban dificultades para concentrarse y mantener la atención, con la modalidad virtual estas dificultades se han acrecentado. Una forma en que los docentes pueden apoyarlos y estimularlos para mantenerse alertas y enfocados puede ser anunciándoles la información importante. También pueden anticiparles que después de alguna actividad deberán participar con sus opiniones, síntesis, etc. Además pueden facilitarles guías con etapas y tiempos lo que también podría ser muy beneficioso.

Otro dato muy importante es que el 26% de los encuestados señala que es mucho el tiempo que pasan frente a una computadora y que el tiempo invertido en realizar sus tareas en la modalidad virtual es muy superior con relación a la modalidad presencial. Aseguran que pasan más preocupados por realizar las tareas o los trabajos exaula que por aprender.

Según una investigación del profesor Harris Cooper de la Universidad de Duke (“Homework helps succeed in school, as long as there isn’t too much”), «demasiada tarea puede disminuir su efectividad, o incluso volverse contraproducente» lo que efectivamente queda evidenciado en los resultados de la investigación que señalan que a nivel de educación media el 72% de los encuestados no las está realizando.

La tarea es una herramienta para generar interés por aprender de manera independiente, de motivar a la investigación, de aplicar los conocimientos, de reforzar el desarrollo de competencias o de aumentar el gusto por ir más allá de lo aprendido. Sin embargo, para que las tareas tengan un impacto positivo en el desarrollo académico e integral de los estudiantes, cada una no solo debe ser necesaria y relevante, sino que debe permitir que los estudiantes tengan suficiente tiempo para descansar, jugar y formarse en otros aspectos de sus vidas.

Si la tarea es una oportunidad de apoyar a los estudiantes en su proceso de aprendizaje autónomo y con la intención de reducir el tiempo que pasan frente a la computadora, incluirlas dentro del horario de clases puede ser muy positivo. A manera de trabajo personal o autónomo con la supervisión del docente y dedicándole una hora clase o el tiempo que el docente estime conveniente. Así, el docente no solo se asegura que los estudiantes realicen sus actividades sino además los estimula en su proceso de aprendizaje personal.

En cuanto al aspecto social, uno de los comentarios más recurrentes en el estudio está relacionado con la interacción entre pares. Los estudiantes lamentan la falta de contacto físico con sus compañeros. En efecto, somos seres eminentemente sociales y aprendemos con y de otros. El ser humano es, se hace y se reconoce en el otro, en la alteridad, interactuando, comunicándose. A pesar de que para algunos de ellos es algo que pueden sobrellevar, para otros, especialmente los más extrovertidos y/o gregarios, representa un factor influyente y preocupante.

La teoría sobre el aprendizaje social de Albert Bandura se fundamenta en la idea de que se aprende de las interacciones generadas en las comunidades de aprendizaje. El aprendizaje social es informal en comparación con los métodos de aprendizaje tradicionales; sin embargo, informal no significa menos efectivo. El aprendizaje social suele ser más específico porque los estudiantes se centran en los conceptos particulares que necesitan saber.

La tecnología nos brinda muchas oportunidades para implementar estrategias de aprendizaje social en las aulas virtuales pero demandan mucha creatividad y diseño estratégico de parte del docente. Será muy importante seguir propiciando actividades que generen mayor interacción entre compañeros que puedan hasta cierto punto compensar el contacto físico y mantener los vínculos. Realizar proyectos colaborativos y trabajos en pequeños grupos, organizar debates sobre temas de su interés e incluso actividades lúdicas. También de vez en cuando organizar alguna actividad meramente social como un desayuno, almuerzo o celebración virtual podría tener un impacto muy positivo.

A partir de los resultados de esta investigación podemos conocer la perspectiva de los estudiantes, saber cómo están viviendo su experiencia de aprendizaje y poder actuar “estratégicamente” como docentes reflexivos e investigadores. Los datos nos permiten tomar decisiones conscientes, teniendo la flexibilidad necesaria para modificar conscientemente la actuación pedagógica y evaluar rigurosamente los procesos seguidos constatando los resultados obtenidos en los estudiantes.

Así, en este inicio de un nuevo año escolar, la función de los docentes será precisamente construir y reconstruir; revisar, mantener y modificar estrategias. Escuchar, comunicar y facilitar la comunicación, revalorizar las emociones en las prácticas docentes, acompañar y ser agentes educativos transformadores. En otras palabras, el reto continúa: “seguir aprendiendo a enseñar en un contexto diferente al conocido.”

Picardo Joao, O. (Coord.); Ábrego, A., Cuchillac, V. (2020). Educación y la COVID-19: estudio de factores asociados con el rendimiento académico online en tiempos de pandemia (caso El Salvador). San Salvador: UFG Editores.

http://iiasv.org/wp-content/uploads/2020/11/Educacio%CC%81n_online_y_covid19.pdf

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