Para Pablo VI, Martin Luther King Jr o San Óscar Romero “la violencia engendra violencia”; y engendrar es un mecanismo sofisticado de reproducción o propagación. Dicho de otro modo, si la herramienta para disciplinar a un individuo o a una sociedad parte de mecanismos violentos, dentro del inventario de reacciones o respuestas, aparecerá la violencia. Así sucedió con las variadas experiencias de represión militar y la respuesta de movimientos guerrilleros…

Desde la óptica cristiana, tanto la Encíclica Populorum Progressio (1967) y su correlato en la Conferencia Episcopal Latinoamericana en Medellín en 1968 o la Encíclica Evangelii Nuntiandi (1975) muestran importantes líneas del pensamiento sobre la violencia y las formas de solución desde dos puntos de vista: 1.- Los cambios bruscos o violentos de las estructuras serán engañosos, ineficaces en sí mismos y ciertamente no conformes con la dignidad del pueblo; y 2.- La paz no se reduce a una ausencia de guerra (…) se construye día a día, a través de un modelo de justicia y progreso.

Sociedades justas, educadas y con oportunidades no dan espacio a la violencia; sociedades sin modelos ideológicos fanáticos o de clase dominantes tampoco dan espacio a la violencia; sociedades colaborativas, compasivas y solidarias no dejan espacio para reacciones o respuestas violentas. Éstas son las claves de las naciones que han vivido en paz.

Tal como señalara el escritor León Tolstoi: “Toda reforma impuesta por la violencia no corregirá nada el mal: el buen juicio no necesita de la violencia”. En efecto, la violencia no es solo matar a otro. Hay violencia cuando usamos una palabra denigrante, cuando hacemos gestos para despreciar a otra persona, cuando obedecemos porque hay miedo. La violencia es mucho más sutil, mucho más profunda o compleja.

Nuestra historia es maestra de la vida…; todas las crisis violentas que hemos vivido en el pasado y en el presente tienen puntos de inflexión concretos: tenencia de la tierra, explotación, ideologización, falta de espacios democráticos, falta de oportunidades. La guerrilla y las pandillas, salvando las grandes diferencias, han sido respuestas somáticas al egoísmo y a la intolerancia.

El asesinato de Mons. Óscar Romero o de los Padres Jesuitas de la UCA, como expresiones emblemáticas de la irracionalidad violenta, fueron soluciones muy equivocadas e inhumanas que sólo lograron validar la hipótesis: la violencia engendra más violencia. Después del martirio de Mons. Romero vinieron 12 años de guerra; el martirio de los jesuitas se ejecutó en el marco de la Ofensiva Final; y sólo con los Acuerdos de Paz, con el diálogo y la negociación se detuvo el conflicto. Hoy los ignorantes le llaman pacto de corruptos, porque no saben que fue vivir la guerra.

A diferencia de la guerrilla, en dónde había motivaciones políticas e ideológicas, con las pandillas no se debe negociar (y casi todos los presidentes después de 1999 negociaron); pero sí se deben crear condiciones de oportunidad pautadas en un diálogo. No olvidemos que las pandillas son un constructo social (o un error social), un producto que nace de la falta de oportunidades y de la migración.

Tenemos que asociar obligatoriamente los fenómenos de “Remesas y Pandillas…”; estos grupos irregulares, jerárquicos y violentos nacen en las calles de Los Ángeles en Estados Unidos, como estructuras de supervivencia y autodefensa cultural. Mientras unos se defendían de mafias raciales -mexicanas, chinas, negras, etcétera-, otros enviaban dinero a diario a El Salvador. Hay algo de hipocresía: Nos gustan las remesas pero no las pandillas, y este “combo” no es fácil de disociar…

Posteriormente la violencia se institucionalizó y se exportó; y llegó a un terreno fértil de deserción escolar, exclusión, pobreza y en un contexto de postguerra no resuelto. Así comenzaron los falsos modelos de “mano dura” mientras por debajo de la mesa negociaban espacios y cuotas electorales.

Después de negociaciones ocultas fallidas apareció una nueva “mano dura” con fisuras y mentiras; mientras encarcelaban a la mayoría de pandilleros de menor rango los jefes salían con tratamiento VIP. Aunque al final los homicidios bajaron y las condiciones de tranquilidad volvieron a las comunidades. Por el momento, el pronóstico es reservado y no se ha resuelto la válvula que alimenta a cualquier movimiento irregular y violento: La deserción escolar en tercer ciclo de educación básica y media y la falta de oportunidades para adolescentes y jóvenes.

¿Qué pasará en el futuro frente a esta respuesta violenta del Estado salvadoreño?; hay capturas masivas, no hay garantías constitucionales ni presunción de inocencia, el sistema de justicia funciona como una maquinaria indolente política, tenemos la cárcel más aterradora del planeta, la sociedad salvadoreña se está disciplinado bajo el modelo del miedo. Esto no puede terminar bien… porque la violencia engendra violencia.

Efectivamente, estamos sentados sobre una bomba de tiempo, se pueden eliminar las pandillas pero si no se tratan los cauces de la frustración, la deserción escolar y falta de oportunidades el fenómeno mutará hacia otro modelo social perverso, y al no saber cuál es la incertidumbre es preocupante. Necesitamos un sistema educativo mejor y en esto no se está trabajando.

Vivimos una paz superficial, acompañada con la ausencia de la inversión extranjera, creyendo en el Bitcoin, en el surf y en ideas majestuosas e irreales…; todo parece una familia disfuncional. La educación sigue intacta, de mala calidad e ineficiente -a pesar de que tengan laptops los estudiantes-. Quizá, una minoría no entendemos este plan perfecto, pero al final serán los datos y números los que hablarán.

Todo se puede reservar por 7 o 10 años, menos la realidad cuando se impone…; al final la macroeconomía llega a los bolsillos de la gente y la seguridad se percibirá en el mediano y largo plazo en los barrios y colonias. La política es demasiado infame e tangible.

Disclaimer: Somos responsables de lo que escribimos, no de lo que el lector puede interpretar. A través de este material no apoyamos pandillas, criminales, políticos, grupos terroristas, yihadistas, partidos políticos, sectas ni equipos de fútbol… Las ideas vertidas en este material son de carácter académico o periodístico y no forman parte de un movimiento opositor.

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