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Rigoberto Arévalo Carrillo

Rigoberto Arévalo Carrillo

Maestría en Política y Evaluación Educativa de la UCA.

Ya no estamos en la escuela del siglo XIX: las escuelas enseñan pero no aprenden

En estos tiempos donde se nos obliga a cambiar y buscar una nueva normalidad por efecto de la pandemia Covid 19 se me hacen evidentes dos cosas: 1. Que a los largo de la historia las pandemias y los grandes acontecimientos sociales internacionales como la revolución francesa, industrial o las guerras mundiales han transformado las sociedades donde se originaron, por consiguiente el mundo. 2. Que durante todos esos acontecimientos históricos las escuelas poco o nada han cambiado, no se han transformado y se encuentran atrapadas en la Europa del Siglo XIX; como producto de la revolución industrial, son instituciones mecanizadas y orientadas a la producción.

Si bien la escuela del siglo XIX es vista como un hecho  trascendental que ayudó a reducir la explotación del trabajo infantil y a la vez colaboró a la oportunidad de la niñez para educarse y de esa forma insertarla en el mercado laboral-industrial que en ese momento se necesitaba como mano de obra especializada y barata; la escuela como producto de la revolución industrial nació con ese objetivo: Enseñar para producir mano de obra calificada, especializada y barata, y ahora en el siglo XXI poco o nada la escuela ha transformado ese objetivo.

Toda la escuela se diseñó para funcionar a una velocidad uniforme, con sus campanas y rígido programa de actividades diarias. Cada maestro sabía la cantidad de materia que le correspondía cubrir para mantener la línea en movimiento, aun cuando él (o ella) no tuviera influencia en fijar la velocidad, la cual era determinada por una junta escolar y un currículo estandarizado. (Senge, Peter. 2002. P 42). En las modernas escuelas, de lo anterior, nada ha cambiado y siguen enseñando como si de industrias o empresas se tratasen. Es evidente el control que las autoridades hacen sobre los docentes y estos sobre sus alumnos; es un sometimiento presente en todo el sistema, por ejemplo el control que el docente realiza sobre sus estudiantes para vigilar sus asistencias a clases, sus entregas de tareas y actividades, para posteriormente clasificar quiénes serán promovidos y quiénes no.

Con la reapertura de la economía y el fin del aislamiento, El Salvador retomó sus actividades económicas y con ello la búsqueda de la adaptación de muchas instituciones, empresas y de las prácticas sociales; no obstante la escuela sigue paralizada a la espera de poder adaptarse al actual contexto, mientras las esperanzas de un cambio integral se va perdiendo mientras esperamos que los alumnos regresen a sus clases de forma presencial en el 2021 como que si nada ha pasado.

La idea de una escuela que no solo enseña sino que aprende

La escuela del siglo XXI debe de ser aquella que proporciona y facilita el aprendizaje de todos sus miembros: autoridades, docentes, estudiantes, padres de familia entre otros; y que se transforma continuamente a sí misma. Para ello es necesario abandonar la idea de competencia y producción de la industria y apostarle a un cambio de mentalidad que supone aprender todos de todos. Además la escuela moderna postpandemia tiene que utilizar nuevos métodos de trabajo basados en los aprendizajes, competencias, habilidades y no solo en aprehensión y memorización de conocimientos, comprensiblemente ello significaría pasar de una calificación cuantitativa  a una evaluación formativa acompañada de retroalimentación de los aprendizajes.

“Esto significa hacer que todos los que pertenecen al sistema expresen sus aspiraciones, tomen conciencia y desarrollen juntos sus capacidades. Padres y maestros, educadores y estudiantes reconocen su común interés en el futuro del sistema escolar y lo que pueden aprender los unos de los otros” (Senge, Peter. 2002. P 17). Ello trae consigo aprender de forma conjunta para resolver los problemas de la misma forma en la búsqueda de mejorar la calidad educativa en sus propios contextos pues “todas las escuelas y situaciones son únicas y requieren su propia combinación de teorías, técnicas y métodos de aprender” (Senge, Peter. 2002. P 18). No obstante, pese a esos contextos individuales y aislados, es posible que las escuelas tengan en común la puesta en práctica en conjunto de las disciplinas que toda institución que aprende debe seguir:

  • Dominio personal: La escuela que aprende debe de crear una imagen coherente de su visión a futuro, y junto a ello evaluarse durante periodos de tiempo, para verificar y monitorear si se han tomado buenas decisiones y si se localizan debilidades que se puedan superar o áreas que necesitan mejora.
  • Visión compartida: Además las escuelas que aprenden deben de tener un común objetivo o propósito entre maestros, administradores y personal escolar para que aprendan a alimentar un sentido de compromiso en un grupo, pues son agentes de un mismo sistema interdependiente y que necesitan apoyarse los unos con los otros.
  • Aprendizaje en equipo: El aprendizaje en grupo se puede fomentar en el salón de clase entre todos los estudiantes para aprender y compartir habilidades y conocimientos, además entre padres y maestros, y en general en todos los miembros de la comunidad educativa que busquen el cambio escolar.
  • Modelos mentales: Con ello la escuela que aprende debe de crear conciencia de su papel en la sociedad, debe de formar a las futuras generaciones con capacidad de reflexión e investigación sobre la realidad, para transformarla en la línea del bienestar social.


Así entonces es evidente que para mejorar la calidad educativa se debe trabajar en instituir los modelos constructivista y cualitativo no solo en los currículos educativos como teoría, sino en las prácticas de las escuelas en su diaria labor. Eventualmente es necesario dar apoyo para la formación en las escuelas sobre el área de evaluación, es una cuestión que se debe de tratar si hablamos o queremos reinventar y mejorar la calidad educativa en cuanto a los procesos de aprendizajes. Además no se debe dejar de lado la importancia de las disciplinas de una escuela que aprende como herramientas de cambio sujeta a experiencias que deben irse corrigiendo las prácticas para perfeccionar el modelo educativo y la calidad de la educación.

Finalmente tenemos que evidenciar que los retos y problemas postpandemia a superar en los sistema educativos son muchos, sobre todo en el área de evaluación institucional para la calidad educativa, lo cual no es solo una cuestión teórica, sino una práctica profunda en la labor de enseñar, evaluar y aprender, no solo de los docentes y estudiantes, sino también de las autoridades, padres de familia y todos los involucrados en la labor de la educación.

Fuente de consulta:

Senge, Peter. Escuelas que Aprenden. La Quinta Disciplina. Grupo Editorial Norma, Bogotá, 2002.

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