El concepto tradicional o recurrente de éxito en la vida del ser humano va evolucionando; no recuerdo si fue un podcast o un video, pero logré tomar notas al escuchar este proceso fundamental que indica que estamos logrando lo esperado en determinadas etapas de la vida; veámoslo en tres grandes etapas: 

A los seis meses comenzar a balbucear o decir papá y mamá; al año caminar sin ayuda; a los tres años control total de esfínteres; a los seis años aprender a leer y escribir; a los ocho años poder regresar a casa sin ayuda; a los 12 años tener amigos; a los 17 graduarse de bachiller; y a los 18 tener licencia de conducir y luego tener el vehículo. 

Seguimos, a los 23 graduarse de la universidad; a los 25 ser independiente de los padres; a los 30 casarse; a los 35 comenzar a ser autónomo financieramente; a los 45 pretender seguir siendo joven; a los 50 haber educado bien a tus hijos. 

Por último, a los 60 años poder aún conducir un vehículo; a los 65 vivir sin enfermedades; a los 70 no ser carga para nadie; a los 75 tener aún amigos; a los 80 conocer el regreso a casa; a los 85 no orinarse en los pantalones; a los 90 caminar sin ayuda; a partir de aquí, y en cualquier año morir tranquilo… 

De ser así de idílica la película, parece importante contar con dos variables: a) una red humana de apoyo, que nos catalice el bienestar; y b) recursos financieros para cubrir en gran parte algunas de esas necesidades. Sin una familia robusta, es difícil, aunque no imposible, cumplir estos desafíos de la vida. 

Haciendo un paréntesis, en El Salvador según la EHPM 2021 contamos con 452,114 NINIS de 15 a 29 años, que “Ni” trabajan, “Ni” estudian, lo cual seguramente frenará estas posibilidades de éxito; también, un tercio de la población vive en pobreza multidimensional, lo cual representa una seria barrera para el desarrollo humano. 

En determinado momento de la vida los seres humanos nos preguntamos: ¿para qué vivimos? o ¿qué es la vida?; se observa actualmente una creencia muy generalizada, silente y difundida que estamos en este mundo “para hacer dinero”; porque con el dinero solucionamos todo. 

Los jóvenes en edad de seleccionar una carrera universitaria -los pocos que llegan a esta etapa, es decir solo 4 de cada 10-, incluso influenciados por sus padres, se inscriben en un programa bajo la pauta de poder hacer más dinero; lo vocacional lo dejan a un lado. 

Pero para las grandes mayorías, incluyendo estratos pobres y medios, al parecer hay otras claves de éxito que se reducen a adquirir deudas para comprar las cosas que necesitamos o deseamos; los créditos o tarjetas de créditos comienzan a jugar un rol central en nuestras vidas; y luego viene el desafío y los intereses macabros para pagar esas deudas. 

De una forma muy lúcida, Pepe Mujica nos invita a vivir con cierta “sobriedad”, y nos recuerda que cuando pagamos algo, no lo hacemos simplemente con dinero, sino con “tiempo de Vida” que tuvimos que invertir en trabajar para obtener ese dinero. Y Además agrega: “y no podes ir al supermercado a comprar más tiempo de vida…” 

La invitación de Mujica es a disfrutar la vida con las personas que queremos, a dedicar más tiempo a aquellas actividades que nos apasionan; porque corremos el riesgo de trabajar más y más, para pagar créditos o cosas que en realidad no necesitamos o para aparentar un estilo de vida que no es real. 

Antes de los 50 años, creemos que somos inmortales, que esto no se va a terminar jamás, ni si quiera nos planteamos que hay un fin: la muerte; y en realidad, la muerte es lo único seguro que tenemos, desde que nacemos somos seres para morir, todo lo demás es relativo, menos la muerte; un accidente, una enfermedad, estar en el momento o en el lugar equivocado, y hasta allí llega todo. 

Somos pocos proclives a la prospectiva, a pensar en el futuro; en la reciente encuesta del Centro de Estudios Ciudadanos (CEC) de la Universidad Francisco Gavidia (UFG) sobre el Humor Social y político (2022); se preguntó sobre la importancia de las dimensiones temporales: pasado, presente y futuro. 59.9% les preocupa el presente, 34.8% les preocupa el futuro y 4.7% el pasado; y lo que más valoran del futuro es su situación económica (42.9%). Por último, un 32.7% no cree que el pasado condiciona el presente, y un 18.1% tienen dudas.  

La gran mayoría de la gente es creyente o religiosa; pero 40% cree en el destino, 19% creen en los extraterrestres y 10% cree en el horóscopo. La mitad de la población cree que hay vida después de la muerte, el resto tienen dudas o son escépticos. 

Una escala axiológica y funcional prioriza los conceptos en el siguiente orden: Dios, Familia, Felicidad, Bienestar, Verdad, Dinero, Mascotas, Sexualidad. Por otro lado, un 47% de los encuestados cree que es imposibles que seamos muy honestos y un 42% cree que todos los políticos son muy corruptos. 

7 de cada 10 ciudadanos cree que al ser humano lo hace malo la sociedad; y para 6 de cada 10 la madre es la persona más influyente de su vida; curiosamente el padre es influyente solo para el 11%, inclusive por debajo de otros familiares. 

La gente prefiere un gobernante firme (47.7%) a un gobernante demócrata (21.7%)…; y el salvadoreño se define como: amigable (34.9%), creyente (29%) y trabajador (28.8%). Así las cosas en este aciago contexto salvadoreño, así las cosas humanas…. 

Disclaimer: Somos responsables de lo que escribimos, no de lo que el lector puede interpretar. A través de este material no apoyamos pandillas, criminales, políticos, grupos terroristas, yihadistas, partidos políticos, sectas ni equipos de fútbol… Las ideas vertidas en este material son de carácter académico o periodístico y no forman parte de un movimiento opositor.  

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