Carlos Gochez

COVID-19: ¿qué pasará con la salud mental?

Los sistemas de salud de algunos países vienen realizando esfuerzos desde finales del año 2019 para controlar y/o erradicar el COVID-19, diversas acciones preventivas y correctivas han sido ejecutadas, utilizando un sinfín de recursos económicos y materiales. Pero tras unos meses viviendo en la incertidumbre y el temor, es momento de iniciar a pensar: ¿qué pasará luego? 

Mucho se habla de las consecuencias directas en la salud física de las personas que han sido contagiadas con el virus, pero poco o nada es la atención que se brinda a los efectos psicológicos que ha traído la pandemia.  

El día 18 de marzo, en conferencia de prensa fue anunciado por el presidente de El Salvador, Nayib Bukeleque el COVID-19 había llegado de forma oficial al país, sin embargo, desde principios del mes de marzo, muchos salvadoreños han sido trasladados a diversos albergues, ya que han sido etiquetados como “portadores potenciales”, por ello es necesario preguntarse: ¿cuáles son las consecuencias que se generan en la psiquis de los salvadoreños que han vivido en cuarenta?  

  • Baja autoestima, es la primera gran consecuencia y afección directa en la salud mental de estas personas. Desde que las personas en cuarentena ingresaron al país fueron trasladadas a diversos albergues, siendo etiquetados y juzgados por otras personas, lo que lleva a rediseñar el concepto que la persona tiene de misma, ejemplo de ello son pensamientos como: “por qué tuvo que ocurrirme esto a , “voy a contagiar a mi familia”, “no valgo nada”. 
  • Agresión, diversos estudios del comportamiento humano, han demostrado que las situaciones de hacinamiento, encierro y pérdida de libertad llevan a las personas a desarrollar una serie de comportamientos agresivos. Está manifestación puede darse dentro del período de la cuarentena, llevando a la persona a pelear con otros que se encuentran en los recintos, “luchar” por mejores condiciones o intentar escaparse. De igual forma, la consecuencia podría prolongarse incluso cuando el período de cuarentena haya culminado, afectando relaciones familiares, laborales y sociales.  
  • Depresión, el proceso de aislamiento puede llevar a las personas a sentirse tristes por razones como la falta de relación con los seres queridos, pocas actividades recreativas e incluso a la pérdida de toma de decisión sobre aspectos básicos del día a día; debe quedar claro que la tristeza es un estado pasajero, pero mantener bajo condiciones de aislamiento por un período prolongado puede llevar a que la persona experimente una depresión leve.  
  • Inhabilidad para manifestar relaciones sociales, experimentar una situación como la cuarentena, puede llevar a la persona a desconfiar de otros, primero porque no se querrá contagiar de nuevo, es decir, se podrían generar pensamientos paranoicos; por otra parte, y derivado de las consecuencias anteriores, la mayoría de los comportamientos de las personas aisladas, pueden llevarlas a no presentar comportamientos adecuados en presencia de otros.  

A pesar de que nuestro país requiere medidas extremas como la cuarentena, con el fin de prevenir una propagación mayor del COVID-19, es vital que las personas que se encuentran aisladas puedan recibir una atención psicológica preventiva.  

De la misma forma que se vuelve necesario tener una enfermera que evalúa los signos vitales o un médico que prepara las recetas adecuadas para cada paciente, es necesario dar una atención preventiva a nivel psicológico, en caso contrario, luego de la pandemia vendrán otras consecuencias, tales como incremento de la violencia, mantenimiento de la paranoia social y mayor tasa de suicidios. El COVID-19 ya está acá, las consecuencias en la salud mental aún pueden prevenirse.  

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