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El otro lado de la Medicina…

La medicina posee un lado estructurado, científico, formal y clínico muy riguroso; pero también convive con otra dimensión complementaria antropológica, sociológica, anecdótica y cultural. ¿Qué médico salvadoreño en sus turnos de emergencia no recuerda haber recibido pacientes con heridas pretratadas con cabello, cal o café cómo técnica antihemorrágica?, ¿qué decir de la “primera línea rural” sobadores y curanderos?, o todos los episodios pediátricos del “mal de ojo” y otras circunstancias de la medicina cultural o ancestral. 

En el libro “Los conceptos de salud y enfermedad en el Oriente Medio Antiguo y en el mundo griego” del Dr. David López (filólogo) nos enseña que en las culturas antiguas se desarrollaron las ideas sobre la salud y enfermedad a partir de sus creencias religiosas, míticas o mágicas, considerando la enfermedad como castigo divino por el pecado; y esto, en muchos lugares sigue operandoEl sujeto, antes de ser paciente, es ser humano, y esta realidad antropológica supone creencias, valores y costumbres, es decir cultura. Una cosa es lo que se piensa y se escribe en los grandes gabinetes médicos, revistas prestigiosas, facultades, secretarías de salud u organismos internacionales como la OPS u OMS, y otra lo que sucede en lo cotidiano de las comunidades rurales y urbano marginales. No debería dejar de lado en la discusión otros aspectos alternativos a la medicina alopática, los enfoques homeopáticos o naturalistas que también operan en nuestras sociedades. 

Durante mi formación médica en Venezuela -que no terminé, pero que me ha servido para trabajar en aspectos curriculares de educación médica en las universidades– realicé mucho trabajo de campo; recuerdo cuando fracasaban los proyectos de “letrinización” en las áreas rurales; mientras la oficina de USAID se esmeró en los años 80, con estudios técnicos para diseñar una letrina abonera eficiente y que combatiera el cólera, la disentería o la transmisión de parásitos intestinales, descuidaron un aspecto fundamental: Los campesinos no hacen sus necesidades sentados, sino en  cuclillas”, menos en una caja con un hoyo, y peor en un lugar dónde no había hojas –el papel higiénico no era común-; las letrinas terminaron como pequeñas bodegas… 

Los aspectos sociológicos y antropológicos son claves para entender la cultura y resolver problemas epidemiológicos; hoy, con la pandemia de COVID-19, la epidemiología de campo, la observación, el registro y la visita in situ son aspectos esenciales para resolver una patología con características sociales (distanciamiento). Más allá de los grandes debates científicos y económicos sobre el origen del virus, sobre aplanamiento de la curva, sobre los tratamientos farmacológicos y sobre las necesidades nosocomiales, debemos centrarnos en otros aspectos para controlar el contagio. 

Será importante considerar, también, que esta pandemia de COVID-19 estamos “infoxicados” de videos, noticias, recomendaciones, materiales e informes; mucha de esta información se contradice, otra es falsa, y la gente va perdiendo la confianza. Las redes sociales, si bien son un canal de comunicación fundamental, vehiculizan mentiras y teorías que afectan a los ciudadanos, lo cual genera una desconfianza generalizada, ¿a quién le cree usted?, ¿qué es cierto o mentira?    

Los seres humanos somos empáticos y gregarios, nos cuesta el distanciamiento, y la pandemia de COVID-19 se resuelve con distanciamiento y medidas de bioseguridad, entonces la pregunta es: ¿Cómo hacemos para que la gente se distancie? Un camino inadecuado es el “miedo”, otro más positivo es la “educación e información”. Pero no basta una campaña educativa general, lo pedagógico debe llegar a la casa a través de estructuras Municipales y ADESCOS. También será importante entregar en las casas “protocolos domésticos” sencillos y con indicaciones claras; y, por último, crear mecanismos –o mapas- de riesgos: ¿dónde está el virus y por qué me tengo que alejar de él? 

El debate actual se ha centrado en el tema de “cuarentenas” y está intentando encerrar a los sujetos enfermos y también a los sanos (en otras epidemias sólo se cercan a los enfermos); pero lo central es cómo nos distanciamos, como hacemos nuestra vida a dos metros del otro, cómo entendemos que el contagio es por microgotas de saliva o flugge y que el uso de ciertas mascarillas nos ayuda a evitar el contagio.  

Nadie quiere contagiarse, entonces, si sabemos cómo o dónde está el riesgo, creo que cada quién tomará distancia; pero el asintomático no lo sabe y muchos otros no creen que se contagiarán, entonces se debe intensificar una campaña educativa local y focal para concientizar a la gente, cosa que no se está haciendo y que es realmente urgente. 

Cada comunidad, caserío, barrio, residencial, urbanización, edificios, empresa, oficinas, etcétera, debe crear sus propios protocolos de seguridad: evitar fiestas o reuniones sociales, informar si hay o no sospechosos o contagiados (cuidado con los argumentos de estigmas, esto no es lepra, debemos saber si hay o no contagiados o sospechosos) y de haberlos enviarlos a aislamiento domiciliar; pegar rótulos y carteles preventivos en lugares públicos, tiendas, supermercados, farmacias o cajeros; desinfectar todo lo que ingrese a las casas. Si logramos esto, podemos vencer al SARS-Cov2. 

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