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Óscar Picardo

Óscar Picardo

El síndrome del “castillo de naipes”

Un síndrome es un conjunto de síntomas, fenómenos o características que se presentan en un cuadro clínico de una enfermedad o que caracterizan una determinada situación, y que permiten dar un significado o identidad. Los síndromes suelen ser “plurietiológicos” (muchas o diversas causas) porque tales manifestaciones semiológicas pueden ser producidas por diversas causas.

Galeno (s. II d.C.) y Celio Aureliano (s. V d.C) fueron los primeros en utilizar el concepto en medicina general; luego, el psiquiatra alemán Emil Kraepelin (1856-1926) clasificó los síndromes psicopatológicos en tres grandes categorías: trastornos leves (síndromes: emocional, paranoide, histérica, delirante e impulsivo), moderados (síndrome esquizofrénico y síndrome alucinatorio del habla) y graves (síndromes: epiléptica, oligófica y demencia).

Como se podrá imaginar el lector, el “síndrome del castillo de naipes” no está establecido en los manuales médicos ni en el DSM-5, pero es una realidad y existe…

Llamamos de modo eufemístico “castillo de naipes” cuando alguna situación es vulnerable o débil, y ante la mínima intervención el conjunto piramidal de cartas se caen y todo se desbarata. Armar un castillo de naipes es una tarea sencilla de motricidad fina, vamos colocando las cartas sobre sus bordes, haciendo triángulos isósceles, que soportan otros triángulos; pero la estructura que se va creando es frágil.

En la vida, en el mundo laboral o político, muchas veces construimos castillos de naipes; estructuras que se observan bonitas, ordenadas y simétricas, pero que a la vez son delicadas y precarias, de la nada se caen. Hacer castillos de naipes no requiere una base ingenieril sofisticada, solo basta repetir patrones con cuidado.

¿Qué sucede cuando en una organización, la que sea, le damos la responsabilidad a alguien que no tiene la formación o la experiencia para tomar las grandes decisiones?; en efecto, cuando alguien no tiene la formación profesional ni la experiencia requerida para un cargo relevante (el que sea, político o empresarial) las cosas no suelen terminar bien, y tarde o temprano veremos los resultados. El castillo de naipes se cae…

Entonces, ¿qué es el síndrome del “castillo de naipes”?: es la suma de decisiones políticas, económicas o administrativas, tomadas, sin base científica y sin criterio técnico, orientadas desde la perspectiva comunicacional, con la finalidad de presentar algo de modo majestuoso para sorprender a terceros.

Dicho de otro modo, el síndrome del castillo de naipes, es una proyección de espejismos y realidades imaginarias, que pueden ocultar contextos caóticos o desfavorecidos.

En no pocos casos, quienes padecen el síndrome del castillo de naipes, poseen una inteligencia lingüística y verbal exuberante; de acuerdo con Howard Gardner y Mel Levine la inteligencia lingüística es una capacidad para usar el lenguaje en todas sus expresiones y manifestaciones por encima de los códigos convencionales. Así, dominan diversos canales y medios de comunicación, y son unos verdaderos ilusionistas para proyectar y vender ideas.

Pero quien diseña y arma los castillos de naipes tiene un público, que se fascina y admira la obra, observan con asombro y aplauden la majestuosidad; ven como se eleva la geometría y la arquitectura perfecta. Aunque en el público siempre hay alguien que sabe que en cualquier momento se desbarata todo.

La cultura política latinoamericana está acostumbrada a vivir y a presenciar este síndrome; las grandes obras faraónicas que venden y encandilan, aunque meses después de inauguradas no sirvan de nada, pero ahí están como monumentos vanagloriosos del político de turno.

Por el contrario, los grandes y graves problemas silenciosos de nuestras sociedades nunca se tratan ni se resuelven, porque no dan rédito publicitario para el marketing digital: La deserción escolar, la dignificación docente, la cultura, el arte, entre otros, no pueden competir con un puente, un hospital o cualquier otra ocurrencia.

Ahora bien, quien posee el síndrome del castillo de naipes puede estar sometido a dos hipótesis: por un lado, estar convencido, él y su círculo cercano, que lo que hace es muy importante y que ese castillo es indestructible; o por otro lado, estar utilizando ese recurso como un distractor, consciente de lo que está haciendo no sirve, pero que es útil para sus fines perversos y ocultos.

Al final no importa cual sea la hipótesis que se decante en una tesis real; nunca es bueno ni prudente dirigir empresas, organizaciones o naciones con ilusionistas que estén construyendo castillos de naipes creyendo que es la realidad. Al final siempre se caen.

Disclaimer: Somos responsables de lo que escribimos, no de lo que el lector puede interpretar. A través de este material no apoyamos pandillas, criminales, políticos, grupos terroristas, yihadistas, partidos políticos, sectas ni equipos de fútbol… Las ideas vertidas en este material son de carácter académico o periodístico y no forman parte de un movimiento opositor.

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