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Dr. rer. nat.  Rafael Gómez Escoto

Dr. rer. nat. Rafael Gómez Escoto

Licenciado en Física por la Universidad de El Salvador. Doctorado en Ciencias Naturales por la Universidad de Darmstadt, Alemania. Profesor titular a tiempo completo de la Universidad de El Salvador.

Formando profesionales online en tiempos de pandemia

Con la suspensión de clases presenciales en todo el sistema educativo por la pandemia mundial del COVID-19, hemos pasado, de pronto, a atender de manera virtual a los estudiantes universitarios de todas las carreras. Sin embargo, esto no debe entenderse como un tránsito inmediato, ni sencillo, de una modalidad presencial a una modalidad a distancia, en la formación de nuestros futuros profesionales. 

Aun cuando la mayoría de universidades en el país cuentan con un campus virtual, y muchos docentes han ganado experiencia y capacidad en esta modalidad, el pensum de la mayoría de nuestras carreras está diseñado para un desarrollo presencial, y ni la universidad misma, ni los recursos disponibles, están preparados para una migración repentina a otra modalidad de formación, sin afectar en formas aún desconocidas su calidad educativa, y sin revisar los paradigmas curriculares de la formación universitaria. 

Lo que asumimos la mayoría es que la atención a nuestros estudiantes en esta modalidad es transitoria, en tanto se supera la pandemia mundial que nos azota, y no se trata de una migración permanente a otra modalidad de enseñanza, lo que requeriría una reforma curricular, con drásticos cambios en los planes de estudio. 

Definitivamente, siendo ya complejo formar con alta calidad, ingenieros, médicos, científicos, etc., en la modalidad presencial tradicional, será mucho más complicado pretender hacerlo en entornos virtuales, que intrínsecamente presentan otro tipo de condiciones y exigencias. En este punto, hay demasiadas interrogantes sin resolver: 
 
¿Están preparados todos nuestros docentes para impartir cursos universitarios en la modalidad virtual?… ¿Será posible prepararlos en cursos exprés de unas cuantas semanas?… y, nuestros estudiantes, ¿podrán adaptarse a la nueva modalidad, transformando sus hábitos de estudio y desplegando capacidades de aprendizaje autónomo o autodidacta? 

Sin mencionar los recursos y conocimientos previos requeridos, ¿cuánto tiempo necesitamos los docentes para rediseñar, preparar materiales y evaluaciones, y montar todo un curso en una plataforma virtual, de manera que tenga exigencias académicas equivalentes al mismo curso en su modalidad presencial? 

¿Cuál es la equivalencia de una clase virtual de 50 minutos a una presencial?… Sabemos que, en el espacio virtual es necesario planificar los tiempos con mucha flexibilidad, con períodos de duración semanales o quincenales, ¿Cómo hacemos esta conversión?, ¿será válido y legal que se imparta un curso virtual y se haga automáticamente equivalente a un curso presencial? 

O más precisamente, ¿cuánto vale una Unidad Valorativa o Crédito Académico en la enseñanza virtual?, es decir, si un curso presencial vale 4 UV, ¿a cuánto equivale esto en la enseñanza virtual?, ¿cuántas horas debe dedicar el estudiante por semana a su asignatura?, ¿cómo se harán las actividades experimentales?, ¿cómo se organizará ahora el trabajo de campo y las prácticas profesionales?, ¿cómo se organizarán los trabajos de graduación experimentales y de campo? 

Preocupa a muchos docentes la forma de evaluar efectivamente los aprendizajes, ¿cómo debe transformarse el sistema evaluativo en esta coyuntura?, más trivial aún, ¿disponen todos los docentes y estudiantes de acceso a equipo informático y conexión domiciliar a internet?, ¿mo garantizamos el acceso de los estudiantes a los libros de texto y otros materiales de estudio? 

No todo el material de estudio esta digitalizado, y tampoco hay garantía de que se pueda tener acceso legalmente. Si ponemos a la disposición copias digitales bajo copyright en las plataformas, ¿estamos conscientes de que esta práctica es ilegal?, y, sobre todo, ¿no les estaremos enseñando a nuestros estudiantes que el plagio y el fraude es válido? 

La educación virtual, que puede ser sincrónica o asincrónica, separa en cualquier caso a maestros y estudiantes en el espacio y el tiempo, y la interacción se vuelve impersonal, el estudiante solo frente a una pantalla, con cantidad de preguntas y dudas que no son resueltas de manera inmediata, volviendo ubicuo el espacio de la clase por la dispersión física de estudiantes y docentes, y cambiando totalmente la dinámica de la enseñanza-aprendizaje. 

Durante el primer semestre del 2020, la mayoría de docentes universitarios han debido afrontar todas estas situaciones de manera improvisada y un tanto caótica, haciendo uso de sus propios recursos y alguna creatividad. Sin embargo, lo que seguimos manteniendo en mente es que solamente se trata de un trance pasajero, y las soluciones han tenido la tónica de acciones de emergencia. Pero, estamos cerrando el segundo semestre con la misma dinámica, y es previsible que la situación se prolongará al 2021, con profesionales que se comenzarán a graduar bajo los efectos de la pandemia. En este caso, ¿qué garantía pueden dar las universidades de la calidad y competencia de sus nuevos profesionales? 

El compromiso universitario con la calidad de la Educación Superior, nos obliga a repensar nuestra práctica docente y planificar mejor el trabajo para el siguiente año, y las preguntas obligadas son: ¿con qué contamos?, ¿cuáles son las opciones?, ¿qué están planificando las universidades al respecto? 

Las plataformas gratis que ofrece Google y otros portales están ayudando a resolver, sin embargo, también representan cierta dispersión, si cada docente utiliza una plataforma diferente, pueden llegar a complicar a los estudiantes que deben instalar varias de estas aplicaciones en sus celulares, a veces con muy poco espacio de memoria. Se requieren lineamientos institucionales al respecto, así como facilitar a los docentes equipo y materiales de trabajo y evaluar los mecanismos de ayuda a los estudiantes, incluyendo posiblemente, la negociación con los operadores de telefonía móvil e internet, de un acceso gratis para los estudiantes con dificultades de acceso a internet. 

Los docentes estamos obligados a la creación propia de materiales didácticos, lo cual también es demandante de tiempo y recursos, y de esto deben estar conscientes las autoridades universitarias, que, por una parte, están obligadas a reconocer ese tiempo laboral, y por otra, a buscar alternativas y soluciones para apoyar a sus docentes y estudiantes. 

Aun no se vislumbran todas las respuestas, y este artículo está más bien orientado a provocar una reflexión seria sobre el asunto. Sin embargo, podemos inferir que el trabajo colaborativo entre docentes de las mismas especialidades es necesario, y que es momento para la solidaridad y la colaboración y no para la exclusión y la indiferencia. 

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