Con insistencia, docentes que lideran varios sindicatos, entre ellos SIMEDUCO, Bases Magisteriales y el Movimiento Magisterial Salvadoreño, afirman que el Programa de Alimentación y Salud Escolar (PASE), manejado por el Gobierno, enfrenta una serie de fallas que comprometen la condición nutricional de los escolares y tampoco favorecen su permanencia en las instituciones. 

“Es preocupante que a esta altura del año el Ministerio de Educación, que tiene el presupuesto más alto en la historia de este país, no nos haya dado ni un centavo a los centros escolares. Nos dieron alimentos de manera racionada para los niños; entregaron a las escuelas leche que vencía el día 8 de abril y (en las escuelas) tuvieron que repartirla (o usarla de forma apresurada entre los estudiantes) antes de que nos fuéramos de vacaciones (de Semana Santa). Yo le pido al señor ministro que revise quién le administra el programa porque están cometiendo un gravísimo error”, aseguró el pasado 3 de mayo el profesor David Rodríguez, secretario de organización de Bases Magisteriales. 

Las voces de los educadores se alzan en momentos en que el bolsillo de las familias salvadoreñas, tanto a nivel urbano como rural, está muy golpeado, al punto de que su dieta diaria se ha visto impactada de manera negativa, tal como evidenció la reciente encuesta sobre microeconomía de los salvadoreños (as) 2023: “Menos carne y más optimismo”, del Centro de Estudios Ciudadanos (CEC), de la Universidad Francisco Gavidia (UFG). 

El estudio económico de la UFG, que fue desarrollado, del 15 y 19 de abril, entre 1,231 personas a nivel nacional, muestra que se ha reducido en un 75.3 % la ingesta de carne, en un 40 % el pollo, el 32 % los huevos y 23.5 % el queso. Hay casas que incluso han reducido los tiempos de comida, para el caso el almuerzo. 

Ese mismo 3 de mayo, en conferencia de prensa, el profesor Rodríguez, junto a otros colegas, volvió a subrayar que las cantidades de alimentos que les han dado a los centros escolares están por debajo de la población estudiantil que están atendiendo y que estos serán consumidos antes del tiempo que el MINED ha previsto; incluso, enfatizó, que en algunos casos no les han entregado otros productos que también son básicos, por ejemplo azúcar, lo cual se han visto forzados a pedirlos a los padres de familia. 

“Nos está tocando pedirles hasta frijol (a los papás). Por primera vez, en 20 años que yo tengo (de ser profesor), 17 de ser director, nos toca pedirles frijol a los padres de familia, porque nos dieron arroz, aceite, pero no nos dieron frijoles y con eso (armamos) el menú de los estudiantes, (así les podemos) hacer enchiladas, pupusas, sopita de frijoles”, expuso David Rodríguez, quien es director del Centro Escolar Profesor José Luis Ernesto Sánchez, del municipio de Colón, en La Libertad. 

El docente detalló que las cantidades de alimentos suministrados a las escuelas no coinciden con la tabla nutricional que el MINED les indica cumplir diariamente para cada estudiante. 

Este año el gobierno destinó $22 millones para el programa de atención en salud y nutrición escolar. En estos fondos se incluye el suministro de alimentos para los alumnos y la entrega de dos vasos de leche fluida por semana, como un complemento del refrigerio escolar.  

Sin embargo, una reciente publicación de la Revista FACTUM, basada en un documento oficial al que tuvieron acceso, alertó como el gobierno acumuló el año pasado una deuda de $10,941,326.01 con ocho proveedores, lo cual habría desincentivado a seguir vendiendo alimentos al estado salvadoreño, entre ellos frijol. El ministro de Educación, Mauricio Pineda, el 29 de marzo en una entrevista televisiva, trató de justificar la situación aludiendo a que no había suficiente frijol en el mercado local. 

Si bien el profesor David Rodríguez detalla que reconocen que la cartera de Estado ha hecho esfuerzos con el tema de las computadoras, señala que eso no es suficiente cuando a las escuelas solo les entregan $1,500 de presupuesto de funcionamiento al año, por lo cual no pueden ni comprar aderezos para mejorar los refrigerios.  

Antes el presupuesto de operación o funcionamiento que les daba el Ministerio de Educación estaba sobre la base de $13.00 por niño, hoy está por debajo de eso. 

“Estamos teniendo unas carencias que están impactando la educación, no es lo mismo que recibamos a un niño con el refrigerio completo. En Colón a un centro escolar que tiene casi 800 niños le dieron una bolsa de harina biofortificada, o sea un error de quién digitó y entiendo que no es la única, sino que ha pasado en varios centros escolares que les han dado una bolsa de cinco libras de bebida biofortificada, por favor, ni siquiera para darles una vez a los niños alcanza”, externó. 

Francisco Zelada, secretario de organización del SIMEDUCO, sostuvo que el programa de los alimentos va de mal en peor, sobre todo porque hay centros educativos que incluso tienen contratadas cocineras para preparar alimentos que hoy en día resultan insuficientes. 

“Imagínese usted cómo va a hacer la escuela pública, cómo va a preparar los refrigerios de los estudiantes si solo tiene arroz, aceite, azúcar, bebida fortificada. Entonces los padres de familia tienen que financiar el programa de alimentos para que este pueda funcionar”, indicó Zelada, también director del Centro Escolar República de Nicaragua, ubicado en San Salvador. 

Disruptiva buscó conocer la posición de las autoridades del MINED sobre los señalamientos de los profesores entorno al PASE, para lo cual se envió un mensaje a la persona que, en febrero pasado, nos fue reportada como encargada de comunicaciones, pero al cierre de este artículo no se había recibido respuesta a una gestión de entrevista. 

Paquetes de leche que se entregaban con el programa PASE.

Un programa deficiente, según los maestros 

Otra de las instituciones educativas en donde no entregaron frijoles es el Centro Escolar Cantón El Cedro, de Panchimalco, al sur de San Salvador. Daniel Rodríguez, secretario general del SIMEDUCO y director de dicha institución que atiende a 422 niños, precisó que sí les entregaron azúcar, pero sólo 43 bolsas de más o menos dos kilos y medio para 42 días; 19 bolsas de bebida fortificada y aceite. 

“Tenemos a los estudiantes solo con arroz. Eso es lo único que están recibiendo los estudiantes de refrigerio escolar. Es en este momento un programa bastante deficiente y mentiroso también, porque por un lado a los padres de familia les hacían ver en la publicidad que han hecho que los estudiantes van a tener alimentación, pero no les dicen la verdad”, sostuvo. El maestro también cuestiona por qué, desde el Ministerio de Educación, no habían previsto la situación de desabastecimiento tratándose de un programa insignia dentro del Plan Mi Nueva Escuela. 

En una entrevista sostenida por Disruptiva con el profesor Daniel Rodríguez, este recordó cómo, la penúltima semana de marzo, el Ministerio de Educación, a través de las oficinas departamentales, impulsó la Semana de la Nutrición e invitó a todos los centros escolares a hacer alimentos nutritivos en ese periodo; sin embargo, no todos lo hicieron dado que eso implicaba pedir ayuda a los padres de familia, incluso contrariar la misma indicación que las departamentales de Educación han hecho de no pedir colaboración a los padres. 

Según datos de la Encuesta de Hogares y Propósitos Múltiples 2022, para ese año el 26.0 % de los hogares estaba en condición de pobreza multidimensional (esto equivale a 515,204 hogares en los que residen 1,852,870 personas); en el área urbana era el 15.8 % de los hogares y en lo rural 42.9 %. 

La pobreza multidimensional implica que se enfrentan problemas en términos de ingresos, vivienda, alimentación, trabajo, la salud, incluso de acceso a esparcimiento. 

Frente a la situación económica general de las familias, los dirigentes sindicales destacan la importancia del Programa de Alimentación Escolar, porque dicen estar conocedores de que muchos niños, sobre todo en el área rural, llegan a la escuela con el estómago vacío, esperanzados al refrigerio de la mañana o de la tarde. 

El profesor Daniel Rodríguez considera que las escuelas están entre la espada y la pared, debido a que por una parte el ministerio les pide cumplir con una dieta nutritiva, pero por otra no da los productos suficientes; tampoco el presupuesto para poder comprar complementos, a lo que suma la restricción de no buscar ayuda entre los padres. 

“La mayoría de los padres se han quejado, le preguntan y cuestionan a uno porque solo eso se ha dado, y uno les explica que no es culpa de uno, que eso le han entregado a uno y con eso hay que hacer lo que se pueda”, agregó.  

Un llamado a mantener la alimentación en las escuelas 

Esta situación del PASE contrasta con el llamado que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) hizo, en marzo de este año, a los países de América Latina y El Caribe con respecto a que den importancia a mantener la doble función de entregar alimentos a las escuelas y formar hábitos alimentarios, a fin de contribuir a cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). 

Adoniram Sanches Peraci, coordinador de FAO para Mesoamérica, subrayó que el derecho a la alimentación de niños y niñas que estudian es parte fundamental del derecho humano a tener acceso a suficientes alimentos, inocuos, nutritivos y con pertinencia cultural y a estar protegidos contra el hambre. 

«Recordemos que las y los niños llegan a la escuela a una edad en la que están formando sus hábitos alimentarios. La alimentación nutritiva y la educación nutricional escolar también pueden influir en las familias y en la comunidad escolar, y es un canal que permite mayor participación comunitaria», dijo Peraci en aquella oportunidad. 

Sin embargo, el profesor Manuel Molina, director del Centro Escolar Cantón San Francisco, de San Pedro Perulapán, en Cuscatlán, afirmó que el refrigerio escolar está en crisis. “Muchos estudiantes, por lo menos en el área que trabajo, que es rural, llegan por la mañana sin desayunar y por la tarde sin almorzar; entonces los chicos esperan un refrigerio que les sustente”. 

En esta escuela con 62 estudiantes recibieron 2 sacos de arroz, 2 sacos de leche, 19 botellas de aceite y 9 bolsas de azúcar de 2 libras para dar el refrigerio diariamente, insumos que en ese caso reparten por grado. Molina estima que eso alcanzará para 25 días de los 50 días que el MINED pretende que abarquen. 

Molina, quien es dirigente del Movimiento Magisterial Salvadoreño, dijo a esta revista que es lamentable que la entrega de alimentos que se hizo antes de salir de vacaciones fuese deficitaria, sobre todo porque el ministro Mauricio Pineda, en una reunión con representantes de los gremios, les había manifestado que esperaba que el presupuesto del programa de refrigerio sobrepasara de los $25 millones, incluso doblarlo. 

“No sé cuál es la lógica que ellos (Ministerio de Educación) están implementando para hacer esos valores nutricionales y la cantidad de alimentos que debe servirse a los estudiantes. Lamento esto porque en años anteriores el Programa de Alimentación Escolar servía de mucho para aliviar el hambre de nuestras familias”, agregó. 

Molina volvió a la carga y enfatizó que para él es “una burla lo que el Ministerio de Educación está haciendo, y yo sí llamaría a que contraten realmente a personas que sepan las realidades de los centros escolares, porque el arroz en leche no les gusta a los niños todos los días, y la leche con cereal todos los días se vuelve muy tediosa para los chicos”. 

A criterio del representante del Movimiento Magisterial no es favorable que caigamos en un rezago nutricional, sobre todo cuando las unidades de salud (como ocurre en su zona) quieren lanzar campañas de desparasitación y que el alimento sea aprovechado. 

El profesor Molina recuerda, con nostalgia, los mejores tiempos del programa del refrigerio escolar. Esa época cuando el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés) lo apoyaban y a las escuelas les daban dinero para comprar los alimentos, por lo que tenían oportunidad de variar el menú semanal, pero que luego cuando quedó en manos del Estado les empezaron a entregar los alimentos en físico y no se cubría los 200 días lectivos, sino que 120.  

Según el especialista educativo, Óscar Picardo Joao, los programas de apoyo social a la educación, como los de entrega de zapatos, uniformes, útiles, alimentación y provisión de vaso de leche representan un conjunto fundamental, sobre todo para la población más vulnerable y de escasos recursos. “Cualquiera de esos programas que se debilite va a tener repercusiones y lo que se ha notado últimamente es un debilitamiento”, precisó. 

El doctor Picardo expone que si bien, debido a la falta de acceso a la información, se desconoce cómo siguen funcionando, con qué calidad y pertinencia, pero considera que el más crítico es el de alimentación porque tiene que ver directamente con aspectos fisiológicos y biológicos que impactan el rendimiento, la calidad de atención del estudiante, sobre todo considerando que hay numerosos estudios en donde señalan que un niño que no está bien alimentado no puede aprender. 

“Cualquier retroceso en alimentación escolar va a tener repercusiones no solo en calidad sino inclusive en cobertura, porque si hay problemas en la eficiencia del aprendizaje más tarde hay deserción escolar”, advierte el especialista. 

El también investigador mantiene la idea de que este tipo de programas sociales se debe mejorar, pero debe ser focalizado, evaluado y verificar su impacto, incluso manejado por un ente externo a la escuela para que los directores se dediquen solo a ver la parte pedagógica educativa y que su tiempo no sea consumido por los asuntos administrativas y logísticos que implica la distribución de recursos a los niños. 

Las raíces del Programa de Alimentación Escolar

La iniciativa de dar alimento a los escolares salvadoreños se remonta a 1984 cuando el Programa Mundial de Alimentos (PMA) empezó en el país un proyecto piloto enfocando la zona rural, según datos del trabajo de grado denominado Impacto del Programa de Alimentación Escolar en Permanencia de los Alumnos de Primer Ciclo de Educación Básica del Centro Escolar Tomás Medina de Santa Ana. 

El estudio, realizado por alumnos de la Universidad de El Salvador (UES), señaló que en 1989 el PMA en alianza con el gobierno del expresidente Alfredo Cristiani lanzaron una estrategia educativa de salud y nutrición. 

Ese esfuerzo sirvió de base para que en 1991 surgiera el proyecto SABE, que tenía como metas reducir las tasas de deserción y repitencia, problemas derivados del conflicto armado. Ese mismo año nace el Programa EDUCO a nivel piloto en 6 escuelas. Este se institucionalizó el año siguiente y con ayuda del PMA brindó alimentación escolar. 

Para 1995, siempre en el contexto de EDUCO, empieza el programa de Escuela Saludable para brindar ayuda a 20 municipios de la Libertad con altos índices de pobreza, pero luego la cifra subió a 148 municipios y posterior a un porcentaje mayor de escuelas. 

En el 2009, tras una modificación al sistema educativo, ve la luz la estrategia Programa de Alimentación y Salud Escolar (PASE) que agregó nuevos beneficios para los estudiantes, como el vaso de leche. 

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